El océano es el mayor hábitat del mundo y también el más desconocido, y aunque su increíble biodiversidad esconde un enorme potencial, se sabe muy poco de ella. Ahora, gracias a un equipo internacional de científicos, la riqueza oceánica será algo más comprendida.
El estudio, liderado por el investigador Carlos Duarte, de la Universidad Rey Abdullah de ciencia y tecnología (KAUST) de Arabia Saudí, es la mayor y más compleja base de datos de microbios marinos (esenciales para la vida humana por su influencia en la salud del océano y el clima terrestre).
Este catálogo global de ADN oceánico supone un importante avance científico porque ofrece información sobre las aplicaciones de la vida marina a la ciencia y la sociedad, desde la innovación biotecnológica hasta el seguimiento de los efectos del cambio climático.
"El Catálogo Global de Genes Oceánicos KMAP 1.0 supone un gran paso adelante en la comprensión de la diversidad de los océanos, ya que contiene más de 317 millones de grupos de genes de organismos marinos de todo el mundo", explica Elisa Laiolo, autora principal del estudio y profesora de la Universidad Rey Abdullah de ciencia y tecnología (Kaust) de Arabia Saudí.
Además, el catálogo estará disponible gratuitamente a través de la Plataforma de Análisis Metagenómico de la KAUST (KMAP).
"Los científicos pueden acceder al catálogo de forma remota para investigar cómo funcionan los diferentes ecosistemas oceánicos, rastrear el impacto de la contaminación y el calentamiento global, y buscar aplicaciones biotecnológicas como nuevos antibióticos o nuevas formas de descomponer los plásticos: ¡las posibilidades son infinitas!", destaca Carlos Duarte, autor principal del estudio e investigador en la KAUST.
Los investigadores llevan cientos de años cartografiando la biodiversidad marina pero en los últimos años, dos avances tecnológicos han sido claves.
El primero, la llegada de las tecnologías de secuenciación del ADN, que han permitido identificar organismos directamente a partir del agua y los sedimentos oceánicos, y el segundo, el desarrollo de la tecnología computacional y de la Inteligencia Artificial, capaces de analizar el material genético de miles de muestras oceánicas.
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