Para nadie es un secreto que la profunda crisis política y social en Venezuela nos afecta a todos los colombianos y que en la medida en que se agrave la situación del otro lado de la frontera, habrá mayor sufrimiento para cerca de diez millones de colombianos: los cinco millones de compatriotas que viven en territorio venezolano y otro tanto que podrían vivir en la línea fronteriza desde Paraguachón hasta Cubará, en Boyacá.
Por eso resulta indignante que la Guardia Nacional Venezolana siga abusando e intentando provocar un incidente militar con Colombia, a costa de sobrepasar la frontera, como ocurrió hace meses en Arauca y usando desproporcionadamente la fuerza, como cuando ayer mataron al inerme ciudadano colombiano Libardo Fuentes Hernández, quien estaba trabajando con una retro excavadora, desarmado, en ese lugar, conocido como La Roca, a orillas del río Táchira, en zona rural de Cúcuta, en esa difusa frontera entre ambos países.
Anoche muy tarde se confirmó que, gracias al cónsul de Colombia en San Antonio del Táchira, fue dejado libre el colombiano Geler Barreto, quien había sido detenido por los mismos integrantes de la Guardia que mataron a Libardo Fuentes.
La Cancillería exigió sanciones para los militares implicados en estos hechos y anunció un duro reclamo al tiempo que anunciaron reuniones con autoridades venezolanas para avanzar en las investigaciones.
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Más allá de este doloroso hecho, sectores políticos y sociales están exigiendo una posición más firme, sin caer en provocaciones, pero con mayor fuerza frente a las provocaciones de Nicolás Maduro, quien ya dijo que el 30 de julio se definirá el futuro de su país entre la paz y la guerra.
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Adicionalmente, Colombia debe prepararse para un éxodo masivo de venezolanos y de colombianos residentes en ese país, ante la inminente explosión social que se vislumbra en el panorama.
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