En esta entrega de nuestros #DiariosdeFestival hablamos sobre la luz y su forma de afectarnos. Desde el Cartagena Festival de música, han surgido formas de reaccionar al mundo y sus gestos. Cuando el Teatro Adolfo Mejía estaba todo en silencio y nadie ocupaba sus celulares ni los rostros de sus compañeros viví ese momento. La luz perforó el techo de mármol y apuntó a un espacio íntimo del escenario. No había nadie ahí todavía, pero la gracia estaba dispuesta, nos preguntamos: ¿cómo es posible que no confirmen los viajes en el tiempo? Si a esta hora, se ve en los ojos de la luz la posibilidad de ver de frente el nacimiento del mundo.
Nietzsche consideraba que entre sílabas y palabras se establecía un ritmo que es fundamental para escuchar las ideas. Además, para que uno se compenetrara con esas ideas tenía que recitarlas. Escuchen su historia en este capítulo de #ElHiloHJCK.
En esta obra, que terminó un año antes de morir, Eduardo Galeano sale a cazar para mostrarnos con crudeza, con humor, con ternura, el mundo en que vivimos,
Bolet decía de sí mismo que era un "pianista nato." Para él, tocar el piano era tan natural como respirar. Era un hombre alto, con las manos grandes y dedos fuertes. Eran perfectos para la realización de las obras de compositores románticos con fuertes exigencias percutivas, como Franz Liszt y Frédéric Chopin. Esta es su historia.
En 1969, Vivian Gornick empezó a escribir sobre feminismo para el Village Voice. En "Mirarse de frente", su libro publicado en 2019 por la Editorial Sexto piso, Gornick escribe sobre sus impresiones del movimiento y la mayor enseñanza que dejó para el resto de su vida.