Entre sus obras más destacadas se encuentran "El país de la canela", "La serpiente sin ojos", "El año del verano que nunca llegó", "El huésped" y "El amante de Janis Joplin". También ha publicado varios ensayos, como "La tercera orilla del río" y "Paisajes del Apocalipsis".
EFE/ Carlos Ortega
Una oda al movimiento con William Ospina
El escritor William Ospina escribió "Pondré mi oído en la piedra hasta que hable" (Penguin Random House), una novela sobre el explorador Alexander von Humboldt. En esta conversación hablamos sobre el viaje, el movimiento y lo que significa hoy en día nuestra superficial conexión con un mundo que parece caerse en pedazos. Ospina, además, apunta sobre la necesidad de aceptar neutra propia fugacidad en un universo terrible y hermoso.
Como niño prodigio se trasladó a Viena para seguir clases con Joseph Haydn, se estableció allí primero como pianista y poco después también como compositor de música para piano: sonatas, variaciones y conciertos.
El primero de los tres Tríos,op.9 escrito en la tonalidad de sol mayor, fue considerado por Beethoven como el mejor de los escritos en esa época juvenil. Lo dedicó al conde Johann Georg Browne.
La culminación de las obras para tríos de cuerdas, la encontró Beethoven en los tres Tríos del opus 9. Por esa época el compositor desarrollaba sus experimentos de contrapunto ejercitando las bases que le había dado su maestro Haydn.
Al contrario de la Primera Sinfonía en la que es perceptible el modelo de Haydn y Mozart, la Segunda Sinfonía de Beethoven se presenta internamente más lacónica y al mismo tiempo más dilatada y en conjunto más imponente. La estructura aparece más cuajada y las confrontaciones rítimico-métricas se hacen sobre todo más tensas. Por primera vez irrumpen acentos heroicos. Beethoven escribe su primer Scherzo sinfónico. El final conforma el contrapeso que equilibra el primer tiempo.
Más que ninguna otra sinfonía, a excepción de la Novena del propio Beethoven, la “Heroica” cambió la faz de la música y la historia del género. Sus enormes dimensiones (dos veces la extensión de cualquiera de las sinfonías de Haydn o de Mozart) y su vasta complejidad hicieron que resultara más que problemática para muchos de los contemporáneos de Beethoven.