“Una vez más le imploramos que deje en paz a los monjes”, dijo en nombre de todos ellos el mitropolita Pavlo, que apeló directamente al presidente Zelenski utilizando su patronímico y reafirmó que no piensan abandonar el monasterio como les exige el Gobierno ucraniano, que acusa a su iglesia de servir a los intereses de Rusia.
El mitropolita Pavlo dijo que el Estado ucraniano está vulnerando la ley y rechazó los cargos: "No somos colaboradores (de Rusia), somos ciudadanos de nuestro Estado, somos gente que vive aquí desde 1988, muchos no tienen otro lugar al que ir”.
Unos días antes, el Ministerio de Cultura había puesto el 29 de marzo como fecha límite para que los popes salgan del recinto, en la última de las medidas del Estado para acabar con la influencia rusa que durante siglos ha ejercido en Ucrania esta iglesia autónoma pero dependiente de Moscú.
“La independencia espiritual de Ucrania”
La guerra del Estado ucraniano contra esta iglesia alcanzó dos de sus momentos más álgidos en noviembre y diciembre del año pasado, cuando agentes de los servicios secretos hicieron redadas en el monasterio y varios templos de esta iglesia, en los que, según las autoridades ucranianas, se encontró propaganda rusa.
Ucrania también ha sancionado a algunos de sus jerarcas y ha emprendido acciones legales contra varios popes de la congregación por espiar para las tropas rusas o bendecir al ejército invasor desde los púlpitos.
El presidente Zelenski encuadra estas acciones en la “lucha por la independencia espiritual de Ucrania”, donde en 2018 se creó una iglesia ortodoxa nacional autocéfala, la Iglesia Ortodoxa de Ucrania, reconocida por el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla.
Ruptura pública en Moscú
La popularidad de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana del Patriarcado de Moscú ha venido resintiéndose desde que Rusia se anexionó la península de Crimea y encendió el fuego de la rebelión separatista en el Donbás en 2014.
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Sin embargo, muchos ucranianos hostiles a Rusia seguían siendo fieles a esta iglesia por apego a la tradición, algo que para buena parte de ellos dejó de ser posible el 24 de febrero de 2022, cuando el ejército ruso comenzó una guerra a gran escala contra Ucrania bendecida por el patriarca ruso Kiril.
Consciente de lo insostenible de su posición, la Iglesia Ortodoxa de Ucrania declaró públicamente su independencia de la Iglesia Ortodoxa Rusa, pero muchos observadores han puesto en duda la autenticidad de esta ruptura.
Un centro vital del Ortodoxismo
El Monasterio de las Cuevas del que Zelenski quiere expulsar a los popes supuestamente pro-rusos fue fundado en el siglo XI y es uno de los más importantes en la tradición cristiana ortodoxa que reivindican tanto los ucranianos como los rusos.
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A raíz de la polémica sobre la titularidad del monasterio, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, ha denunciado ante la ONU “la política represiva del régimen de Kiev” que, según dijo, tendría el “objetivo de destruir la Iglesia Ortodoxa Ucraniana”.
También se ha pronunciado sobre la cuestión el Papa Francisco, que ha pedido a las partes implicadas en la guerra en Ucrania que “respeten los lugares de culto sean de la denominación que sean”.
Desrusificar pero no liquidar
En una entrevista con el Servicio de Información Religiosa de Ucrania, el teólogo Serhii Shumylo ha criticado la falta de contundencia de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana a la hora de romper todos los lazos con el Patriarcado de Moscú.
Shumylo alude al silencio de la jerarquía de esta iglesia ante la “hoja de ruta” hacia la “independencia total” de Moscú firmada por 300 popes y más de un millar de creyentes. “La ignoraron completamente”, dice el experto.
“Ya que muchos de sus jerarcas no quieren cambiar nada y preferirían que todo siguiera igual, el Estado tendrá un papel poco agradecido de ‘partera’ que acabe de cortar el cordón umbilical” de la iglesia con Moscú, dice Shumylo.
El teólogo apuesta por desrusificar esta iglesia pero considera “un error” intentar “liquidarla”, ya que muchos ucranianos la consideran suya y se identifican con ella. Recuerde conectarse a la señal en vivo de la HJCK, el arte de escuchar.
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