En Funza, Cundinamarca, municipio situado a 14 kilómetros de Bogotá, existió durante 20 años un prostíbulo que se convirtió en una mina de oro, donde los hombres se dejaban seducir por el alcohol, las drogas y las mujeres que tuvieron que dedicar su vida a esa difícil vida.
En 2010 el lugar fue cerrado y trasladado a un lugar más grande para continuar con el negocio.
Dos años después, una familia del Quindío se instaló allí, usándolo como vivienda familiar. Se trató de una pareja joven conformada por Germán Carranza y Lucero Plazas, quienes a los pocos días de estar allí, comenzaron a sentir y a experimentar situaciones bastante extrañas.
Lo primero que Lucero observó, fue una sombra que pasó velozmente por el salón. Después empezaron a escuchar llantos de bebés y una voz aguda que en las noches decía angustiosamente "mamá".
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Así que Germán decidió bajar una noche al piso inferior donde antiguamente funcionaba la barra del prostíbulo y la pasarela donde se desnudaron cientos de mujeres.
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Estando allí, percibió un olor nauseabundo y penetrante y sintió una mano que le agarró la pierna, lo cual lo hizo entrar en pánico absoluto y correr hacia donde su esposa.
Por eso, decidieron llamar a los investigadores John Barrera y Julieth Arredondo, quienes pertenecen a Expediente Paranormal Colombia y estos pasaron una noche en ese lugar para inspeccionar cada movimiento.
Encontraron entonces un altar oculto debajo de una escalera, un sitio de rituales oscuros consagrado a la imagen del 'Negro Felipe'.
Esa noche, notaron bastante actividad paranormal, los sensores se dispararon y pudieron grabar sicofonías de voces de niños y de bebés llorando.
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Días más tarde, una trabajadora sexual de las que allí laboró, les confirmó que muchas de sus compañeras abortaban mediante prácticas ilegales en ese lugar y que a las muchachas nuevas que fueran rubas, les hacían rituales drogadas y hasta se presumía que una que otra fue sacrificada.