A 27 años del terremoto que devastó buena parte del Eje Cafetero, Everardo Murillo Sánchez, exgerente del Fondo para la Reconstrucción y Desarrollo Social del Eje Cafetero (Forec), vuelve sobre una experiencia que marcó la manera de enfrentar los grandes desastres naturales en Colombia.
En entrevista en Sala de Prensa, Murillo defendió las decisiones adoptadas tras el sismo de 1999 y planteó que la emergencia actual debe dejar nuevas lecciones, especialmente en materia de prevención, vivienda y acompañamiento social.
Murillo recordó que el Forec nació como una respuesta extraordinaria ante una tragedia que golpeó una región fundamental para la economía nacional. La entidad fue creada como un fondo público adscrito a la Presidencia de la República, con una estructura que combinó al Estado y al sector privado. Su sede se estableció en Armenia y, según Murillo, él fue “el único funcionario público” de la estructura creada para dirigir el proceso.
La primera prioridad, explicó, fue respaldar a los alcaldes y gobernadores que estaban atendiendo la emergencia. “Lo primero que se hizo fue cómo reponer esos recursos a los municipios”, señaló, con el propósito de que las administraciones locales pudieran continuar atendiendo a la población mientras sus economías sufrían las consecuencias del desastre.
Pero una de las principales lecciones del Forec fue entender que la emergencia, la recuperación y la reconstrucción no podían tratarse como etapas aisladas. “Todo es paralelo”, afirmó Murillo. Mientras se recogían escombros y se atendían las necesidades inmediatas, también se diseñaban soluciones de vivienda, subsidios, generación de empleo y las bases para una reconstrucción segura.
En ese proceso, la participación comunitaria fue fundamental. El Forec descentralizó su operación y creó gerencias zonales para acercar las decisiones a los damnificados. La idea, según Murillo, era evitar que una persona afectada tuviera que desplazarse hasta el centro de Armenia para resolver sus necesidades. Así surgió, en su concepto, una nueva forma de ejercer una “gobernanza público-privada” frente a un desastre.
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La reconstrucción física también estuvo acompañada de decisiones de largo plazo. Murillo destacó tres medidas: fortalecer los planes de ordenamiento territorial, exigir normas de construcción sismorresistente y realizar estudios de microzonificación sísmica. “Esos tres elementos fueron muy poderosos”, sostuvo.
A su juicio, parte de la explicación de la menor afectación reciente del Quindío está precisamente en aquellas decisiones. Aunque reconoció que hubo daños que deben ser reparados o reforzados, insistió en enviar un mensaje a los habitantes y visitantes: “Por favor, el Quindío está vivo”. Para Murillo, recuperar la economía también forma parte de la respuesta al desastre: “Vuelvan a los parques. Necesitamos que regresen porque la economía tiene que seguir y hay gente que vive de esto”.
Frente a la gestión del Gobierno actual, Murillo valoró la presencia del presidente y la declaratoria de emergencia económica, aunque advirtió que el verdadero desafío estará en la implementación. La escala del desastre actual, dijo, es mucho mayor que la que enfrentó el Forec: aquella operación abarcó tres departamentos y 27 municipios, mientras la actual emergencia tiene un alcance mucho más amplio.
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Sin embargo, su principal advertencia no está relacionada únicamente con la infraestructura. Murillo considera que Colombia debe avanzar en lo que denominó “ingeniería social”. El terremoto reciente, explicó, dejó damnificados de sectores de ingresos medios que también necesitan acompañamiento para reconstruir su patrimonio y recuperar su proyecto de vida.
“Este proceso le falta mucho aprendizaje en ingeniería social, porque hemos avanzado muchísimo en ingeniería de obras públicas”, afirmó.
Para el exgerente del Forec, esa debe ser una de las grandes lecciones de la emergencia: reconstruir no significa únicamente levantar edificios. Significa también recuperar hogares, empleos, confianza y estabilidad. En otras palabras, después de un terremoto, el verdadero reto no termina cuando desaparecen los escombros: comienza cuando las familias intentan volver a vivir.