deportiva ‘Go Rigo Go’ y vender por un sitio llamado RigoStore.
Tener una línea de ropa deportiva bajo su nombre tiene sus implicaciones que van desde promocionar la propia o hasta dejar de lado lo que puede ganar por firmar acuerdos publicitarios con las tradicionales. Pero lo pensó cuando se vio tan expuesto a los medios liderando el Giro de Italia pasado y logró al final el segundo lugar.
El antioqueño ha diseñado parte de las prendas que se hacen en Colombia con mucho negro, rosado y algunas calaveras, que vende desde unos 50 mil pesos hasta más de 230 mil para los uniformes de ciclismo más especializados. Para lograr publicidad planea entrega de pedidos de manera personal, o tiene una línea cruzada cuando no está en competencia para contestar los pedidos de la tienda, que también se va lanzar para el mercado de Estados Unidos, México y Costa Rica. No hay cómo ponerle número a los ciclistas aficionados en Colombia, pero son decenas de miles, y son tan fanáticos como los que siguen desde el fútbol hasta el golf.
Además, pronto cerraría una negociación con la marca de relojes Tag Heuer y así balancear un poco el tema de patrocinios.
Publicidad
Es posible que esa onda de marcas propias de los deportistas colombianos empiece a proliferar. El tenista Santiago Giraldo, que hace parte de los 30 primeros del ranking mundial de la ATP, se ha movido registrando su marca ‘Santigiraldo’ para prendas de vestir, sudaderas y artículos deportivos bajo su propio signo distintivo que va a terminar en una marca propia con un costo más bajo que el de la indumentaria que normalmente se encuentra para practicar el deporte.
Publicidad
Los mismos deportistas buscan tener más fanaticada aunque no se comercialicen de manera masiva, donde también aún hay un espacio. Colombia es uno de los países de América Latina donde poco se gasta en ropa para hacer deporte. Hay unas cifras muy recientes de la consultora Euromonitor donde se señala que el consumo per cápita de ropa deportiva en el país está en unos 17 dólares o cerca de 32 mil pesos anuales y un mercado total que estaría por 1,6 billones, que no es mucho cuando en Chile se gastan más de 72 dólares, en Argentina unos 66 y en Brasil 55.