Esta, la última conversación entre el Museo Nacional del Colombia y la HJCK, tuvo que ver sobre el papel de los museos en la construcción de memoria. Sobre todo si hablamos de un país como Colombia, en el que las representaciones del conflicto han sido la base de los procesos de paz y reconciliación. En esta charla estuvieron Juan Carlos Florez, historiador; Italia Samudio, coordinadora del Área Investigativa de la Corporación Colectiva de Comunicaciones Montes de María Línea 21; Jorge Cardona, periodista y ex editor en jefe de El Espectador y Camilo Murcia, parte del equipo de Museologia del Museo Nacional de Colombia.
No es posible reconstruir sin huecos el desarrollo del joven Ludwig van Beethoven en la segunda mitad de los años 80: muchas obras se han conservado de forma fragmentaria, y otras se han perdido totalmente.
En ausencia de una historia sobre las Romanzas resulta tentador especular que las romanzas se concibieron para conciertos de violín que nunca llegaron a ver la luz: entre los posibles modelos se hallan los movimientos lentos de los conciertos para piano, K-466 titulado “Romance” y K-491 de Mozart que Beethoven conocía a la perfección.
El Rondó para piano y orquesta en si bemol mayor, que escucharemos para comenzar este capítulo, al igual que muchas otras obras de Beethoven como el concierto para violín en do mayor no se conserva copiado en todas sus partes. Fue editado póstumamente en 1829, una vez que el antiguo alumno de Beethoven Carl Czerny hubo completado la parte de piano y la partitura de orquesta.