En esta entrega de nuestros #DiariosdeFestival hablamos sobre la luz y su forma de afectarnos. Desde el Cartagena Festival de música, han surgido formas de reaccionar al mundo y sus gestos. Cuando el Teatro Adolfo Mejía estaba todo en silencio y nadie ocupaba sus celulares ni los rostros de sus compañeros viví ese momento. La luz perforó el techo de mármol y apuntó a un espacio íntimo del escenario. No había nadie ahí todavía, pero la gracia estaba dispuesta, nos preguntamos: ¿cómo es posible que no confirmen los viajes en el tiempo? Si a esta hora, se ve en los ojos de la luz la posibilidad de ver de frente el nacimiento del mundo.
Esta es la historia de cómo uno de los instrumentos musicales más importantes ingresa a la música académica. ¿Qué es el órgano? ¿Cuáles son sus secretos? Escúchelo en esta clase de Máster Class.
Hubo una época en la que una mujer decidía en Colombia los artistas que irían colgados en los museos o en las exposiciones. una mujer que era la voz y el dictamen del arte en Colombia. una sola mujer que entendió un país a través de sus imágenes y que lo criticó, lo ensalzó. Ella es Marta Traba.
Leemos en voz alta el primer capítulo de Somos luces abismales, libro de la escritora bogotana Carolina Sanín que fue publicado en 2018 por Literatura Random House.
La historia detrás del Trino del diablo inicia con un sueño. Tartini supuestamente le contó al astrónomo francés Jérôme Lalande que soñó que el diablo se le apareció pidiéndole ser su sirviente, siendo un sueño que tuvo mientras permanecía oculto en el convento, a resguardo del obispo. Tartini, viendo que el diablo era tan bueno en todo, lo desafió a tocar una melodía romántica para él con su violín, creyendo así poder humillar a su sirviente. Entonces Tartini le entregó al diablo su violín para probar sus habilidades; el diablo inmediatamente comenzó a tocar con tanto virtuosismo que Tartini sintió que le quitaron la respiración, hecho que según relata, lo obligó a despertar.