En este capítulo de Libertadoras le contamos las tareas de algunas mujeres que, a pesar de estar prohibido, se unieron al ejército de la independencia durante su recorrido por la ruta libertadora. Muchas de ellas fungieron como enfermeras, espías o empuñaron armas. Entre julio y agosto de 1819, las mujeres cumplieron un papel protagónico e incluso llegaron a disfrazarse de hombres para poder ayudar con la causa libertaria, pues si eran descubiertas en el intento podían perder su vida.
¿Cómo un trino puede convertirse en un espacio para debatir sobre género y machismo? Ana María Mesa escribió Como hombres, una actividad que sumó más de trescientas mil interacciones en Twitter y que se convirtió en un libro sobre lo que las mujeres escuchamos todos los días, pero puesto en los zapatos de los hombres.
Una vez más fue vivaldi quien asentó el estándar de oro. En el inicio de uno de sus conciertos de su colección mas vendida, publicada en 1711, desvergonzadamente titulada “l” Estro armónico o “inspiración armónica” Vivaldi nos transporta a través de un fascinante e intrigante viaje de acordes solos. Esta es su historia.
Dos textos de diferentes autores, pero conectados por una línea. Empezaremos con "El mar muerto del amor", escrito por Gonzalo Arango y, luego, "Manifiesto: Hablo por mi diferencia", de Pedro Lemebel. "El mar muerto del amor" hace parte del libro Obra negra escrito por Gonzalo Arango. Este texto fue publicado en mayo de 1976 en Buenos Aires. La edición que leeré a continuación es del Fondo Editorial Universidad Eafit y la corporación Otra parte. "Hablo por mi diferencia" de Lemebel, es el manifiesto que fue leído en público por primera vez en 1986, en la estación de ferrocarril Mapocho de Santiago de Chile, mientras estaba teniendo lugar una reunión clandestina de disidentes izquierdistas.
En esta conversación la escritora colombiana Catalina Navas habla de su novela "Correr la tierra", una historia de una mujer sin nombre y un apellido recién descubierto.
Nos salimos de la novela y vamos a leer un discurso. Este texto fue escrito por el filósofo colombiano Estanislao Zuleta y fundamental para acercarse a su pensamiento. Lo pronunció en noviembre de 1980 cunado la Universidad del Valle le otorgó el doctorado Honoris Causa.