¿Cómo conquistar a quienes piensan en el voto en blanco?
Los precandidatos de la Alianza Verde a la Presidencia John Sudarsky y Camilo Romero, que se medirán en consulta este próximo domingo junto a Enrique...
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Peñalosa, analizan las razones por las que existe una alta intención de voto en blanco para estas elecciones presidenciales, pese a una amplia oferta de candidatos y partidos.
Para Sudarsky, las razones por las que ha tomado fuerza el voto en blanco es por un “sistema político que produce repugnancia”, que debe ser transformado con esta elección, por lo que no optar por un candidato “tendría unas consecuencias no intencionadas con un efecto contrario”.
“No queremos votar por ninguno, pero no podemos dejar de votar. La meta de llegar a 6 millones de votos en blanco en la elección presidencial es difícil de cumplir”, dijo.
Si bien la ciudadanía está cansada de la mermelada, según Sudarsky, solo un cambio en ese sistema de premios e incentivos, con un “ciudadano responsable de lo público”, se podría modificar esa actual arena política que no tiene una arquitectura que permita la participación.
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“La coyuntura es extraordinaria, es el proceso de paz de La Habana donde se pactó la reforma al sistema electoral”, el reto es el de explicar a fondo el asunto de la representación y los distritos de paz –circunscripción especial en zonas de conflicto- que puedan regular la elección participativa, explicó.
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En resumen, la propuesta de Sudarsky es que el 60 por ciento de las curules sean elegidas y el otro 40 sumaría los votos de los candidatos perdedores; los primeros tendrían la representación y los segundos la proporcionalidad. Los votos se suman y se reparten por regiones, “una victoria para las minorías”.
Por su parte, Camilo Romero resaltó que el voto en blanco “es un gesto valiente frente a la clase política perversa” y es legal que los ciudadanos quieran rescatarlo, “arriesgarse a enfrentar a la política tradicional”, hacer lo que su partido ha llamado ‘la nueva ciudadanía’ y un ejemplo de ello son los estudiantes universitarios que marcharon en 2011 y derrotaron la reforma a la educación.
Romero afirma ser un convencido de la “oficina pública abierta”, como en efecto es su despacho, “recuperar el valor de lo público” desde nuevos niveles de comprensión de los simbolismos de la política.
Recordó que uno de sus mejores recuerdos en el Congreso está ligado a esta nueva visión, la de unos ciudadanos que lograron que “los parlamentarios que aprobaron la reforma a la justica terminaran por hundirla”.
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