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La nueva guerra silenciosa: el ataque con drones que cobró la vida de un policía en el Cesar

Este trágico suceso ha encendido las alarmas sobre una modalidad delictiva que avanza de manera acelerada, superando con creces las capacidades tecnológicas actuales de la Fuerza Pública para contenerla.

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Foto: Ejército Nacional

El viernes 7 de agosto, alrededor de las 11:00 de la noche, la tranquilidad del corregimiento de San Roque, en el municipio de Curumaní, Cesar, se vio rota por un ataque terrorista sin precedentes en la región. Mediante el uso de drones, integrantes del Ejército de Liberación Nacional (ELN) lanzaron dos artefactos explosivos contra la subestación de policía local. El atentado cobró la vida del subintendente Argemiro Rodelo Canchila y causó graves daños materiales tanto en la infraestructura de la estación como en viviendas vecinas.

Este trágico suceso ha encendido las alarmas sobre una modalidad delictiva que avanza de manera acelerada, superando con creces las capacidades tecnológicas actuales de la Fuerza Pública para contenerla.

La familia de la víctima, sumida en el dolor, ha cuestionado públicamente por qué no se tomaron acciones preventivas para derribar el dron que sobrevolaba a escasos 200 metros del uniformado antes de que ocurriera la detonación. Al respecto, el coronel Raúl Pérez, comandante de la Policía del Cesar, explicó las enormes dificultades técnicas y operativas que enfrentan las patrullas en el terreno.

"Este método de ataque, desafortunadamente pues cuenta con dos situaciones, uno con el factor sorpresa y segundo con la falta de elementos precisamente para detectarlos y para contrarrestar", dijo.

El coronel Pérez detalló que, incluso si se contara con tecnología de punta, el derribo de estos aparatos representa un peligro inminente para la población civil que habita cerca de las estaciones: "La caída casi que se torna inevitable, incluso utilizando los sistemas antidrones que bloquean el recorrido o en algunos casos hacen que ese elemento caiga. Pues también podrían generar un daño porque al derribarlos les podrían caer sobre zonas habitadas".

Defensas artesanales frente a la vanguardia terrorista

Ante la carencia de equipos tecnológicos avanzados —cuya adquisición actualmente se encuentra en fase de proyecto con recursos de la Gobernación del Cesar—, las unidades policiales han tenido que recurrir a medidas de mitigación físicas de carácter casi artesanal.

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"Hemos utilizado algunas mallas. Las estaciones que tienen planta baja con una terraza, pues hemos trasladado los policías hacia esos sitios para pernoctar... El uso de las mallas en las partes aéreas genera que se pueda producir una explosión, pero que la onda explosiva no llegue al piso o que llegue con menor intensidad", reveló el oficial.

Estas mallas actúan como un escudo físico que detona el explosivo al contacto antes de que impacte directamente las estructuras o al personal, reduciendo el daño letal [5]. Sin embargo, el coronel reconoce que estas soluciones son temporales y que los sistemas de defensa aérea "requieren una actualización permanente" debido a que las frecuencias que utilizan los grupos criminales varían constantemente para evadir los bloqueos.

El ELN y el estratégico corredor de Curumaní

El Frente de Guerra Nororiental del ELN, específicamente el frente Camilo Torres Restrepo, se atribuyó la autoría de este atentado a través de un video difundido en redes sociales, presentándolo como un "resultado operacional" de su organización.

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La presencia de este grupo insurgente en la zona no es un hecho aislado. Curumaní y sus alrededores forman parte de un corredor estratégico clave para las economías ilegales y la movilidad de los subversivos hacia otras regiones. Según el coronel Pérez, la organización armada mantiene un control marcado en el sector que se extiende desde Curumaní hasta La Mata, una zona de frontera natural con la región del Catatumbo.

Escuche aquí la entrevista:

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