Este es un relato de una mujer que es desconfiada e insegura y que asistió a terapia a los 30 años al psicólogo.
“Todavía recuerdo como si fuera ayer cada vez que mis papás salían por la noche los fines de semana, nos dejaban a mi hermano de 4 años y a mí de 6 con la niñera. Ella nos asustaba con diferentes historias. En algunas ocasiones nos decía que unos perros nos iban a atacar, otras veces nos contaba que mis papás habían tenido un accidente. Mi hermano lloraba sin parar, yo me metía con él en la cuna, nos tapábamos con las cobijas y rezábamos al ángel de la guarda hasta que nos quedábamos dormidos. Al otro día, le contábamos a mis papás la historia y les rogábamos que nunca más nos dejaran con ella, pero no nos creían; ellos nos aseguraban que era una pesadilla, que no era real, que lo habíamos soñado. Este es el primer recuerdo que tengo de mi infancia”.
Historias similares a esta son las que suelen escuchar los expertos y resulta pertinente hablar de los miedos más comunes en los niños en la época de Halloween.
La Samhainofobia, es el miedo irracional y atroz a la fiesta de Halloween, la coulorofobia o miedo a los payasos que los niños sufren al no soportar la decoración, la música, los disfraces y los sustos o bromas que se realizan para estas fechas.
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Para la psicóloga Ana María Reyes, las relaciones entre la ficción y la realidad podrían estar confundiendo a los niños, despertándose en las noches; sin embargo, las pesadillas y miedos nocturnos pueden considerarse normales.
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Detrás de las palabras de los niños siempre hay un contenido que no se debe ignorar. Hay miedos reales y miedos inventados, pero todos nos están hablando e informando algo sobre los niños.
“Puede ser que los niños inventen miedos para ser oídos, porque se sienten inseguros, porque no son capaces de decir lo que sienten, porque necesitan afecto, o porque sufrieron un evento que no son capaces de contar a los padres y lo disfrazan de esta manera” afirma la experta.
Reyes Tirado, directora de la Fundación Syncronía explica que: “el miedo es la emoción más limitante que puede experimentar el ser humano, pero nos protege cuando estamos en peligro físico; no obstante, puede limitarnos sino se trata adecuadamente”.
En el cerebro se guardan esos recuerdos impactantes y cuando en el presente la persona está expuesta a una situación similar a la del pasado, reacciona de forma sobredimensionada.
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La doctora Ana María Reyes asegura que: “El dialogo es el principal medio para resolver cualquier tipo de inquietud o angustia de los niños. Es indispensable encontrar la razón de la expresión de los miedos”.
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