En una escena como de novela se convirtió el sepelio de un joven en el cementerio Campos de Paz, al sur de Medellín, cuando la Policía irrumpió para hacer una requisa en la que terminaron revisando incluso el cadáver en su ataúd, donde habían sido escondidos dos revólveres calibre 38 y 11 cartuchos.
Todo fue provocado por los disparos al aire que al parecer habían hecho dos de los dolientes, motivo por el que los uniformados llegaron hasta el sitio para verificar lo que estaba pasando.
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Pese al clamor de los familiares y amigos del difunto, que pedían respeto por el momento de dolor que estaban viviendo, los uniformados movieron el cadáver e incluso sacaron el ataúd que ya estaba en la tumba para poder hacer la respectiva incautación.
En medio del sepelio fueron capturados un hombre y una mujer, quienes serían los dueños de las armas y las habrían accionado para despedir al difunto con algunos disparos al aire.