En esta nueva temporada de Literatura al Margen el escritor Mario Mendoza presentó su más reciente libro: Akelarre, editado por Planeta. Mendoza cuenta cómo fue la construcción de esta novela que le tardó entre tres y cuatro años terminar, cómo fue vivir todos los días con los personajes de este relato. En esta entrevista, también, habla de su papá, del precio que ha pagado por ser escritor y de cómo, a pesar de ser uno de los autores más leídos del país, prefiere mantenerse al margen del poder.
En ausencia de una historia sobre las Romanzas resulta tentador especular que las romanzas se concibieron para conciertos de violín que nunca llegaron a ver la luz: entre los posibles modelos se hallan los movimientos lentos de los conciertos para piano, K-466 titulado “Romance” y K-491 de Mozart que Beethoven conocía a la perfección.
El Rondó para piano y orquesta en si bemol mayor, que escucharemos para comenzar este capítulo, al igual que muchas otras obras de Beethoven como el concierto para violín en do mayor no se conserva copiado en todas sus partes. Fue editado póstumamente en 1829, una vez que el antiguo alumno de Beethoven Carl Czerny hubo completado la parte de piano y la partitura de orquesta.
Se ha conservado tan sólo un manuscrito de la parte solista revisado por Beethoven, en el que se incluyen los preludios e interludios de la orquesta del concierto para piano en Mi bemol mayor,Wo0 4. Para poder interpretar la obra, el musicólogo y compositor suizo Willy Hess elaboró la partitura completa de orquesta con cadencias propias: el concierto así reconstruido fue estrenado en 1943 en Postdam Poe el pianista Edwin Fischer.
Esta nueva clase tendrá dos partes. Primero, haremos un recorrido por la historia musical del Padre de las Sinfonías, luego, volveremos a la línea del tiempo que hemos construido, para poner la lupa en el trabajo del teórico alemán Christoph Willibald Gluck.
El muchacho era aun tan pequeño que ante el piano debía colocarse de pie sobre una banqueta para poder alcanzar el teclado. No parece haber conmovido al padre el que el niño llegara a derramar lágrimas con el aprendizaje. De alguna manera ha debido tomar la decisión de hacer de su hijo un niño prodigio: quizá se acordaba de Mozart que en 1769 a la edad de siete años había estado en Bonn.