A orillas del río Magdalena un ser de ojos afiebrados acecha a pescadores y mujeres jóvenes; a ellos los espera con ofrendas o para derribar sus canoas, a ellas las envuelve en cánticos hasta llevarlas a las recónditas cuevas que habita. Dicen que alguna vez fue un hombre y la única evidencia de su existencia son pequeños barcos hundidos o jóvenes desaparecidas.
La escritora habla de su nuevo libro "La vida láctea", un relato sin eufemismos sobre la maternidad y una carta a todas las madres que no se sienten absolutamente felices siéndolo.