En esta entrega de nuestros #DiariosdeFestival hablamos sobre la luz y su forma de afectarnos. Desde el Cartagena Festival de música, han surgido formas de reaccionar al mundo y sus gestos. Cuando el Teatro Adolfo Mejía estaba todo en silencio y nadie ocupaba sus celulares ni los rostros de sus compañeros viví ese momento. La luz perforó el techo de mármol y apuntó a un espacio íntimo del escenario. No había nadie ahí todavía, pero la gracia estaba dispuesta, nos preguntamos: ¿cómo es posible que no confirmen los viajes en el tiempo? Si a esta hora, se ve en los ojos de la luz la posibilidad de ver de frente el nacimiento del mundo.
La Quinta Sinfonía en do menor, op.67, cuya composición se extendió a lo largo de varios años entre 1804 y 1808, pertenece a un período de febril actividad de composición por parte de su autor. Varios de los frutos de este período fueron presentados al público por primera vez en el 22 de diciembre de 1808.
Entre los años 1805 y 1806, todos los esfuerzos de Beethoven en cuanto a composición estuvieron concentrados en su única ópera, Fidelio. Esa obra le trajo innumerables problemas y exigió repetidas revisiones. Jamás se sintió totalmente contento con ella, al punto de afirmar: “Todo este asunto de la ópera es de lo más agotador que hay en el mundo porque estoy insatisfecho con la mayor parte y prácticamente no existe en ella ningún número que, con mi actual insatisfacción, no cambiaría aquí y allá con cierto agrado”.
Para celebrar los 250 años del nacimiento de Beethoven haremos un viaje en el tiempo y nos sentaremos en su piano junto a él. Escucharemos las obras del inicio, la mitad y el final de su vida y las historias que rodearon a cada una.
En este episodio leemos tres apartados de diferentes relatos que componen "Kintsugi", la más reciente entrega de la escritora chilena María José Navia.