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Estudio sorprende con la aspiración de los jóvenes en su trabajo; no todo es dinero

Para muchos jóvenes profesionales, el éxito ya no está ligado al poder o al cargo, sino a la posibilidad de tener autonomía, tiempo libre y calidad de vida.

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Foto: referencia, ImageFX

Convertirse en jefe ya no es el gran objetivo profesional para buena parte de los jóvenes. Así lo revela un reciente estudio que muestra cómo las nuevas generaciones están cambiando radicalmente su visión del éxito laboral, priorizando el equilibrio entre la vida personal y el trabajo sobre el ascenso dentro de las organizaciones. La investigación “Gen Z and Millennial Survey”, realizada por Deloitte, evidencia que el liderazgo dejó de ser visto como una meta aspiracional y empezó a percibirse, en muchos casos, como una carga emocional y operativa.

El informe señala que el 48 % de los integrantes de la generación Z y el 46 % de los millennials viven con una fuerte incertidumbre financiera y dependen de ingresos que apenas les permiten cubrir sus gastos básicos. En ese contexto, más del 80 % de los encuestados aseguró que ahora busca trabajos con propósito, bienestar y flexibilidad, en lugar de enfocarse exclusivamente en escalar posiciones jerárquicas. Para muchos jóvenes profesionales, el éxito ya no está ligado al poder o al cargo, sino a la posibilidad de tener autonomía, tiempo libre y calidad de vida.

“Hoy muchos profesionales priorizan el equilibrio, la autonomía y el desarrollo individual por encima del estatus jerárquico que implica liderar equipos”, explicó Juan Carlos Higueras. Según el académico, el desgaste asociado a los cargos de liderazgo ha hecho que cada vez menos personas quieran asumir posiciones directivas. Esta transformación golpea especialmente al llamado “middle management” o mandos medios, considerados fundamentales para el funcionamiento de las empresas, pero que ahora enfrentan altos niveles de presión con poca capacidad real de decisión.

De acuerdo con Higueras, estos mandos medios viven atrapados entre las exigencias de los directivos y las demandas de sus equipos de trabajo. Mientras desde arriba les piden resultados, eficiencia y control, desde abajo reciben solicitudes de empatía, flexibilidad y bienestar laboral. A esto se suma el impacto de la inteligencia artificial y las estructuras organizacionales más planas, que han reducido capas directivas y aumentado las responsabilidades de quienes permanecen en posiciones de liderazgo.

“El liderazgo hoy tiene un componente emocional mucho más alto que antes. Si no viene acompañado de apoyo y reconocimiento, deja de ser atractivo”, advirtió el experto.

Ante este panorama, las empresas enfrentan el reto de rediseñar el concepto de liderazgo y crear modelos laborales más flexibles. La recomendación de los expertos apunta a reducir la carga operativa de los líderes, ofrecer mayor autonomía y construir incentivos que incluyan no solo mejores salarios, sino también reconocimiento, flexibilidad y oportunidades reales de crecimiento.

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