El domingo 28 de febrero de 1993 fue el último día que Sandra Guzmán compartió con su pequeña hija, Sandra Catalina Vásquez.
Esa tarde, Sandra fue a buscar a su esposo, el agente Gustavo Vásquez, a la estación Tercera de la Policía de Germania, en el centro de Bogotá.
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Dice Eliana Guzmán, tía de la menor, que cuando su hermana Sandra llegó a la puerta de la estación de Policía, a la pequeña de tan solo 9 años le pareció ver a su papá en el interior del edificio y corrió detrás de él.
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Al cabo de 15 minutos doña Sandra no encontraba a su hija. Comenzó a preguntar y a buscarla en toda la estación; subió las escaleras y al llegar al baño del tercer piso la encontró muerta y violada.
Cuenta que antes de hallar el cuerpo sin vida de la niña, se topó en las escaleras con el agente Diego Fernando Valencia Blandón, a quien le preguntó por el paradero de su hija, a lo que el hombre se limitó a responder: "¿Se siente bien?"
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La menor fue trasladada de inmediato al hospital San Juan de Dios con la esperanza de que los médicos le salvaran la vida, pero fue imposible.
“Mi hermana me llamó (…) y me dijo que la niña había muerto, que se encontraba en el hospital”, cuenta Eliana.
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-La investigación y confesión:
Pasaron dos años y ocho meses para establecer quién había abusado a la pequeña Sandra Catalina. En la investigación participaron la Fiscalía, la Policía y el FBI.
"A él lo capturaron después de casi tres años, dieron con él y era ese agente de Policía Diego Fernando Valencia Blandón; pagó 10 años de cárcel, cuando su condena fue de 40 años de prisión", explica Eliana.
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Valencia Blandón fue el mismo hombre que Sandra se encontró en la escalera de la estación de la Policía el día de la tragedia y que, tras cometer el crimen, le preguntó sobre su angustia.
El agente confesó días después que él había violado a la menor y que fue consciente de lo que hizo.
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“Este caso hace parte de la historia vergonzosa del país porque mi sobrina fue violada y asesinada dentro de una estación de Policía”, dice Eliana mientras golpea una de las mesas de la sala de su casa.
-“En un colibrí veo los ojos de mi nieta”:
Blanca es una mujer alegre, pero cuando evoca a su nieta sus ojos reflejan tristeza y dolor. Da una palmada y dice: "Pero como ese desgraciado me le hizo todo eso a mi niña".
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Cuenta que 10 días después de la muerte de Sandra Catalina salió al jardín de su casa y de repente vio un colibrí en el lavadero tomando agua del chorro.
"Le puse la mano y yo le vi los ojos al colibrí; vi los ojos de mi nieta. Le dije: ¿Eres tú mi amor? Estás hermosa", narra mientras deja salir algunas lágrimas.
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Doña Blanca dice que nadie le cree la historia del colibrí, pero insiste que a su nieta “le gustaban los colores fuertes y los colibrí son de esos colores".
-“Perdón sí, pero olvido jamás”:
La familia de Sandra Catalina dice que la desgracia que les ocurrió ese 28 de febrero no es fácil de olvidar.
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Justamente doña Blanca elaboró muchos colibrí de madera con los nombres de niños que han sido víctimas de violación, maltrato y asesinato en Colombia, para conmemorar los 25 años de la muerte de Sandra Catalina.
“Vamos a recordar a niños como Yuliana Samboní, que fue secuestrada, torturada y violada, y que como ella muchos niños en las ciudades y los campos ha sufrido, incluso por victimarios que son sus propios padres”, explica doña Blanca, que hoy cuenta con dos nietos que adora y cuida con su vida.
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