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En aniversario de matanza de Tiananmen, exfuncionario chino justifica la masacre

Hace 30 años la sociedad china intentó alzarse contra la dictadura stalinista, pero el gobierno respondió con una brutal represión en la plaza de Tiananmen.

335447_BLU Radio // Hombre del tanque // Foto: Stuart Franklin Magnum
BLU Radio // Hombre del tanque // Foto: Stuart Franklin Magnum
Leonardo Bautista Romero

El intérprete de Deng Xiaoping, el líder chino entre 1978 y 1992, asegura en una entrevista con Efe que el 'padre' de la reforma china "hizo algo doloroso" con la matanza de Tiananmen, pero "al final logró el bien común".

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Durante hora y media de conversación en el lujoso complejo de apartamentos en el que reside, Víctor Gao describe a su antiguo jefe, con el que trabajó entre 1983 y 1988, como un genio militar, un patriota, un pragmático y un visionario, a pesar de haber optado por los tanques a la hora de disolver las manifestaciones de Tiananmen hace ahora 30 años. 

En los ‘80 -dice Gao- Deng Xiaoping era un hombre de pocas palabras. Pero las pocas que soltaba eran como balas: siempre acertaba, iban directas a la yugular, nunca erraba”.

En el trigésimo aniversario, un momento especialmente sensible para el autoritario Gobierno chino -que censura toda referencia a la masacre-, Gao evita los detalles, se contradice en varias ocasiones y compara aquellas protestas con una guerra que "podía haber supuesto el fin de China".

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Para el también experto en relaciones internacionales, el fin (la prosperidad actual de China) justifica sobradamente todos los medios, aunque éstos costaran un número de vidas cuya cifra total se desconoce aún hoy. 

P: ¿Cómo empezó a trabajar con Deng Xiaoping?

R: Cuando empecé a trabajar con él, en 1983, él tenía 79 años. Me sacaba 58 años, ¡era casi como mi bisabuelo! Me uní al Ministerio de Asuntos Exteriores cuando tenía 21 años, con un título a mis espaldas, y era uno de los intérpretes de entonces. Tuve el gran honor de trabajar con él en más de veinte reuniones.

Nunca malgastaba el tiempo. ¡Siempre te urgía a que aprovecharas el día! Y él lo hacía, no solo con la gente a su alrededor, sino con todo el país.

Yo le llamaba “el profeta de la nación china”, porque en 1978 (año de la muerte del antecesor de Deng, Mao Zedong), China había alcanzado la cúspide de la igualdad en la historia de China: todo el mundo era igual de pobre.

Pero China estaba encerrada en una caja ideológica: todos decían que el socialismo era mejor que el capitalismo. ¿Cómo sacar a la nación de esta caja? Hay muchas formas de hacerlo, pero Deng eligió probablemente el único modo correcto: manteniendo la estabilidad.

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Mantuvo la estabilidad pero cambió la mentalidad del pueblo, de manera que la gente pudiera progresar sin despedazarse entre ellos, como pasó en la antigua Unión Soviética. Deng Xiaoping lo logró, como un mago, sin ninguna revuelta, o inestabilidad, mantuvo todo avanzando sin ninguna obstrucción, aparte de lo que pasó en Pekín en 1989.

La grandeza de Deng es que era muy pragmático, y no hablaba de grandes teorías ni buscaba ningún cargo. No era el presidente de la República Popular de China, ni el primer ministro, ni el secretario general del PCCh. Porque se centraba en la sustancia del poder y en lo que le importaba a la gente. Sabía que podía ser el presidente, pero decía: “¿Qué tiene de divertido ser presidente?Necesitaría recibir a cada dirigente extranjero. No tengo tanto tiempo”.

P: Pero les recibía de todas formas...

R: Él quería usar su tiempo para pensar acerca de cosas más importantes, como cómo desarrollar el país. Así que cuando dijo a finales de los ‘70 que la economía china se cuadruplicaría al final de siglo XX… lo repitió hasta que se convirtió en un mantra. Debió de ver algo que la mayoría de nosotros no veíamos.

Era muy pragmático y realista, y también tenía una gran visión del mundo. Por ejemplo, en torno a 1984 dijo que la tercera guerra mundial no tendría lugar pronto, así que explicó: “Reduzcamos nuestro presupuesto militar y concentremos nuestros recursos en desarrollo económico”. Al final decidió reducir el número de soldados y oficiales en un millón. ¡Un millón!

Deng sabía cómo manejarse…

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P: Mucha gente dice que Deng Xiaoping sabía manejarse bien… ¿qué le sucedió entonces en 1989?

R: En 1989 yo estaba en el Secretariado de la ONU en Nueva York, y veía lo que fuera que pasara en Pekín desde la distancia. Y personalmente, estaba muy traumatizado.

Fue una pesadilla horrible ver al pueblo manifestarse y al final los estudiantes muertos, y luego el gobierno del Partido... de los militares... porque al final los militares tuvieron que ser movilizados para devolver la ciudad a la normalidad. ¡Fue terrible! Creo que no fue idea de Deng Xiaoping que se descontrolara todo ese caos.

Reveló puntos débiles clave en el sistema chino, por lo que un líder y otro no se podían comunicar con facilidad, ni un departamento con otro… Al final, es un colapso del sistema.

Y al final los estudiantes en las calles chinas fueron utilizados por algunas fuerzas políticas, no de China sino de fuera de China, para hundir el sistema político. Una parte del gobierno quería usarlo contra la otra, o un líder quería usarlo para ascender… Era una situación muy caótica en China.

Así que cuando Deng Xiaoping tuvo que tomar la decisión, era demasiado tarde. Y al final, por el motivo que sea, lo que fuera que pasó en Pekín fue una tragedia.

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¡Una tragedia! Pero en términos históricos te sorprendería descubrir que la tragedia de la plaza de Tiananmen fue el primer capítulo de una gran saga que involucraba a China, la antigua Unión Soviética y el bloque socialista oriental. Así que cuando pasó todo, ya no existía la URSS, ni Yugoslavia, mataron a Ceaucescu, muchos países cambiaron sus banderas... Pero China se mantuvo firme: esa es la realidad.

P: Pero, ¿usted cree que las manifestaciones estudiantiles eran una amenaza para el PCCh y para la estabilidad de China?

R: ¡Por supuesto! En Pekín… madre mía… aquellos líderes, de un rango inferior a Deng Xiaoping, no paraban de pelearse entre ellos. Tenían objetivos personales y departamentales...

P: ¿Y cree que Deng Xiaoping se arrepintió de arremeter contra los estudiantes?

R: No. Creo que si se arrepintió fue de no haberse involucrado con anterioridad. Esperó demasiado. Porque en 1989 Deng Xiaoping estaba casi en proceso de jubilación, y el trabajo diario recaía por una parte en el secretario general (Zhao Ziyang, favorable a una solución pacífica a las manifestaciones), que era más importante que el primer ministro (Li Peng, partidario de tomar medidas represivas). El primer ministro no respetaba al secretario general y quería su trabajo. Esa es la verdad.

No soy historiador, así que no conozco todos los hechos... Pero para cuando Deng Xiaoping se dio cuenta de lo serio que era el panorama, concluyó correctamente, por desgracia, que a menos que la situación se volviera a poner bajo control, podría significar el fin de China.

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Y podría significar el fin del PCCh. Y toda la gente en China sufriría más como consecuencia, tal y como pasó en la antigua URSS. La gente sufrió… ¡santo cielo!

Deng quería evitar el sufrimiento del pueblo.

P: Pero todavía hay mucha gente que sufre hoy día por el modo en el que se zanjaron las protestas: familiares de víctimas, tullidos, exiliados...

R: Siempre tengo presente la historia de Winston Churchil en la Segunda Guerra Mundial sobre la vez que la aviación alemana bombardeó Coventry. Habían descodificado el lenguaje en clave alemán, pero Churchill se topó con un dilema: si evacuaba a la gente de Coventry, entonces los alemanes sabrían que habían descubierto su código.

Así que llegaron los aviones alemanes, bombardearon Coventry, miles de personas murieron, etcétera. Es una decisión política muy importante. En política, siempre habrá que tomar decisiones muy dolorosas.

Y por norma te enfrentas a dos males, y eliges el mal menor. Yo creo que la grandeza de Deng es que hizo algo doloroso para China, para gente como yo, para toda la nación, pero al final creó el bien común. Y el bien común se impuso a otras penurias y sufrimientos que muchos de nosotros aún sufrimos.

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(Gao empieza a llorar y se toma un momento antes de continuar)

La tragedia de Pekín siempre está en algún lugar de tu mente, pero no puedes pensar en ella. Si lo haces, te abruma. Así que tienes que dejar que la historia o el tiempo lo cure.

Sin entrar en detalles, y con mi solidaridad con quienes perdieran a sus familiares en 1989, yo diría que Deng hizo algo grandioso al asegurarse de que China permanecía unida. Porque, de otro modo, podría haber sido el primer país en caer.

Creo que tenía una visión de túnel: no le importaba lo que estuviera sucediendo. Antes de esta entrevista, por ejemplo, me he reunido con gente de la Embajada de EEUU y estaban hablando de Xinjiang (la región noroccidental china a la que la prensa tiene restringido el acceso y donde expertos, exiliados y organizaciones aseguran que hay más de un millón de musulmanes encerrados en centros de adoctrinamiento).

Claro que hay penurias en Xinjiang, pero para China no importan tanto porque hay que hacer avanzar a toda la nación, a 1.400 millones de personas. No a uno o dos millones que puedan tener dudas sobre una China unida. Tienen que ir en la misma dirección. Deng tenía este tipo de visión de túnel: y esa visión era una China mejor, un mundo mejor, mejores niveles de vida para la gente. Lo demás, no le importaba.

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