El exvicepresidente Humberto de la Calle expresó su preocupación por el rumbo de la democracia colombiana y el futuro político del país, ante el cambio de orientación ideológica que representa el ascenso de Abelardo de la Espriella, tras el desgaste y las frustraciones que, a su juicio, dejó el gobierno de Gustavo Petro.
En entrevista con Mañanas Blu, De la Calle, autor del libro La democracia fatigada, publicado por Penguin Random House, sostuvo que Colombia atraviesa un periodo de fuertes oscilaciones políticas, en el que el descontento con un gobierno puede conducir a posiciones ideológicas opuestas, sin que necesariamente se resuelvan los problemas estructurales de la democracia.
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El exvicepresidente advirtió que un eventual fracaso de De la Espriella podría generar las condiciones para que en 2030 regrese una corriente de izquierda incluso más radical que el petrismo. «Si esto fracasa, si De la Espriella fracasa, si lo que nos va a pasar en el 30 es que regresemos incluso a una visión más radical de lo que ha sido el petrismo», manifestó durante la conversación.
Para De la Calle, el resultado de este giro político debe entenderse como una reacción de los ciudadanos frente a las frustraciones del actual ciclo de gobierno, pero también como una señal de alerta sobre los riesgos de una democracia que oscila entre liderazgos personalistas y proyectos políticos enfrentados.
Aquí lo que hubo fue, dijéramos, una fatiga, una reacción, un deseo de mover el país hacia una ruta distinta, justificado por los errores y las frustraciones que dejó Petro. Pero se nos ha ido la mano
El exsenador insistió en que el funcionamiento democrático requiere alternancia política, pero advirtió que los cambios de gobierno no deberían convertirse en giros extremos que pongan en peligro la separación de poderes, el pluralismo y las instituciones.
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Populismo y debilitamiento del Estado de derecho
En su análisis, De la Calle señaló que el deterioro de la democracia no es un fenómeno exclusivo de Colombia, sino una tendencia que también se manifiesta en distintas sociedades occidentales, donde los liderazgos populistas y el caudillismo han ganado protagonismo.
El exvicepresidente explicó que el populismo no constituye una ideología específica, sino una herramienta política que puede ser utilizada tanto por sectores de izquierda como de derecha para alcanzar el poder, mediante la confrontación entre una supuesta élite corrupta y un pueblo representado por un líder.
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El populismo es una herramienta, no es una ideología, por lo tanto se usa en cualquier sentido
A su juicio, uno de los principales riesgos de este fenómeno es que los dirigentes populistas pueden llegar al poder mediante mecanismos electorales legítimos y, posteriormente, debilitar desde el interior las instituciones democráticas, especialmente las que garantizan los contrapesos al poder ejecutivo.
En ese sentido, mencionó los ataques contra la prensa, el desconocimiento de las decisiones judiciales y las tensiones con las altas cortes como señales preocupantes para la estabilidad institucional. De la Calle también advirtió sobre las similitudes metodológicas que, según su interpretación, pueden presentarse entre liderazgos ideológicamente opuestos. «Obviamente que De la Espriella es en teoría lo contrario de Petro en sus ideas, claro, eso no se discute, pero la metodología es parecida. Yo veo un ADN parecido entre ambas formas de liderazgo unipersonal», sostuvo.
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La preocupación central del exvicepresidente radica en que la confrontación política termine desplazando el debate democrático y debilitando los mecanismos institucionales que permiten la convivencia entre sectores con diferentes posiciones ideológicas.
De la Espriella y los riesgos de una agenda de confrontación cultural
Al referirse al escenario político colombiano, De la Calle manifestó inquietudes sobre la agenda que atribuye a De la Espriella, particularmente por la combinación de propuestas económicas, medidas de seguridad y planteamientos relacionados con asuntos culturales y religiosos.
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Según explicó, el próximo gobierno tendría importantes desafíos en materia de recuperación económica, manejo fiscal y seguridad, pero consideró que incorporar debates sobre el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo y la religión oficial podría abrir frentes de confrontación innecesarios.
«Él tiene una agenda al frente tan rica y como desafiante: recuperar la ortodoxia del manejo económico, manejar la cuestión fiscal y sobre todo la seguridad, que es lo que le va a dar popularidad de largo alcance. Mezcla esto con unos llamados a la revolución cultural», señaló.
El exvicepresidente cuestionó especialmente la posibilidad de reabrir discusiones que, desde su perspectiva, habían alcanzado cierto grado de estabilidad institucional, como la regulación del aborto en Colombia, asunto que ha sido objeto de decisiones de la Corte Constitucional.
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¿Para qué patear el avispero del aborto? Un tema, por ejemplo, en el que por razón de la Corte Constitucional habíamos llegado a una cierta paz tácita
De la Calle aclaró que el debate sobre el aborto no debería reducirse a una confrontación entre quienes están a favor o en contra, sino que también debe considerar las consecuencias jurídicas y sociales de las decisiones legislativas y judiciales, particularmente en relación con la posibilidad de imponer penas de prisión a las mujeres que abortan.
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En su análisis, la apertura de nuevos conflictos culturales podría dificultar la construcción de consensos y desviar la atención de asuntos económicos, fiscales y de seguridad que considera prioritarios para el país.
La democracia puede transformarse, pero debe preservar el pluralismo
Otro de los asuntos centrales de la entrevista fue la posibilidad de revertir el desgaste democrático. De la Calle sostuvo que, aunque existen mecanismos institucionales que pueden preservarse, las democracias atraviesan una transformación profunda, impulsada por cambios tecnológicos, políticos y económicos.
El autor de La democracia fatigada señaló que los partidos tradicionales, los congresos y los mecanismos de representación enfrentan dificultades para responder a las expectativas ciudadanas. A esto se suma el impacto de las redes sociales, el poder de las grandes empresas transnacionales y el debilitamiento de algunas concepciones tradicionales de soberanía.
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«Yo sí creo que debemos empeñarnos, y es lo que yo quiero llamar centro, porque así nos entendemos. La palabra es mala, no es sexy, pero bueno, mantener la esencia del Estado de Derecho», afirmó. Para el exsenador, la defensa de la democracia no implica necesariamente regresar a los modelos políticos del pasado, sino encontrar nuevas formas de participación y organización que respondan a las transformaciones de la sociedad contemporánea.
En ese contexto, destacó la importancia de preservar el pluralismo, entendido como la capacidad de gobernar respetando a quienes piensan diferente y reconociendo la existencia de distintos poderes e intereses dentro de la sociedad.
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«La separación de poderes es la garantía contra la autocracia», enfatizó, al advertir sobre los riesgos que representan las presiones contra las instituciones, los medios de comunicación y los funcionarios que expresan posiciones independientes.
El centro político y la formación de ciudadanía
Frente a la polarización y al fortalecimiento de los liderazgos personalistas, De la Calle defendió la necesidad de recuperar los espacios de reflexión política y fortalecer la formación de ciudadanos capaces de tomar decisiones autónomas, sin depender exclusivamente de los partidos tradicionales.
El exvicepresidente reconoció que el llamado centro político se encuentra disperso por las circunstancias electorales y la confrontación entre las principales corrientes ideológicas. Sin embargo, consideró que todavía existe la posibilidad de reconstruir ese espacio una vez disminuyan las tensiones de la coyuntura.
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También cuestionó los intentos de reformar el sistema electoral colombiano a partir de la nostalgia por los partidos del pasado, al señalar que la política contemporánea se ha transformado y que los ciudadanos ya no necesariamente se identifican con organizaciones que defienden programas ideológicos rígidos.
«La política se ha personalizado en todo el mundo, se basa más en movimientos coyunturales que no tienen una visión total orgánica», explicó.
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Como ejemplo de esta transformación, mencionó que una misma persona puede tener posiciones diversas sobre asuntos públicos, como respaldar políticas de seguridad más estrictas y, al mismo tiempo, defender causas sociales o ambientales. Esta diversidad de posturas, según su planteamiento, dificulta la organización de la ciudadanía bajo las estructuras partidistas tradicionales.
De la Calle denominó este fenómeno «post-postmodernismo», una etapa en la que, según su interpretación, las sociedades buscan liderazgos con mayor autoridad, mientras mantienen una composición social cada vez más diversa y menos dispuesta a seguir las directrices de los partidos políticos.
Tecnología, redes sociales y el futuro de la democracia
En la conversación, el exvicepresidente también abordó los desafíos globales que enfrenta el sistema democrático, entre ellos la transformación de la participación ciudadana por las nuevas tecnologías, la influencia de las redes sociales en la política y el creciente poder de las grandes corporaciones transnacionales.
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A su juicio, estos fenómenos están modificando las relaciones entre los gobiernos y la ciudadanía, así como las formas tradicionales de representación y ejercicio del poder. Por ello, planteó que la democracia debe adaptarse a las nuevas condiciones sin abandonar los principios fundamentales del Estado de derecho.
«¿Cómo va a ser la democracia del futuro? ¿Cómo incide la tecnología? ¿Cómo las redes sociales han alterado la política? ¿Cómo el poder de las grandes transnacionales vuelve a aparecer casi que por encima de los gobiernos?», se preguntó durante la entrevista.
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El exvicepresidente consideró que la respuesta a estos desafíos debe partir de una ciudadanía informada, libre y comprometida con el respeto a las instituciones, en lugar de reproducir las dinámicas de confrontación que caracterizan a algunos liderazgos populistas.
En ese sentido, insistió en que responder al populismo con otro populismo no constituye una solución sostenible, pues puede reproducir las mismas prácticas de concentración del poder y debilitamiento de los contrapesos institucionales.