La muerte del capitán Ronald Moreno, ocurrida el 26 de noviembre de 2021, sigue rodeada de interrogantes para su familia. Después de 14 años de servicio en el Ejército Nacional, el oficial murió luego de atravesar, según el relato de su esposa Carolina Castañeda, seis meses marcados por enfrentamientos con superiores, anotaciones negativas en su hoja de vida, un presunto aislamiento dentro de un batallón y una serie de situaciones que ella considera inexplicables.
En entrevista con Relatos al Límite, Castañeda recordó que Moreno era un militar entregado a su profesión, a sus soldados y a su familia. Para ella, el Ejército era además una de las grandes motivaciones de su esposo, quien aspiraba a alcanzar los más altos cargos dentro de la institución.
“Una persona excepcional, maravillosa, entregada a todo: su trabajo, su hogar, su familia”, aseguró.
Sin embargo, la situación habría comenzado a cambiar cuando Moreno fue trasladado a una base cercana a Buga. El capitán tenía problemas en la columna y, de acuerdo con el testimonio de su esposa, debía cumplir terapias por unas hernias discales. Castañeda sostiene que en varias ocasiones tuvo dificultades para asistir a sus tratamientos.
La situación se agravó después de una valoración médica en Cali. Según Castañeda, un neurocirujano determinó que Moreno estaba apto para una cirugía y le ordenó terapias diarias, por lo que debía permanecer fuera de la base. No obstante, la esposa asegura que su superior ordenó que cumpliera su incapacidad en una habitación del casino del batallón. Lo que vino después, afirma, fueron 21 días en los que el capitán permaneció aislado y sin poder recibir visitas ni salir del lugar.
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“Pasaron 21 días, 21 días que nunca se me van a olvidar en mi vida”, relató Castañeda. Según su versión, inicialmente ella intentó ingresar al batallón para llevarle ropa y visitarlo, pero le informaron que no podía hacerlo. Moreno le habría confirmado por teléfono que tampoco podía recibir visitas ni salir del casino.
Después de aproximadamente 16 días, presentó una acción judicial para reclamar por la situación y argumentó que, al tener dos hijos menores de edad, se estaban vulnerando los derechos de la familia. Según su relato, posteriormente una autoridad de Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) estableció que sí había existido una vulneración relacionada con los menores.
A esto se sumaron, según Castañeda, los enfrentamientos que Moreno habría tenido con algunos de sus superiores. La mujer afirma que su esposo cuestionó decisiones relacionadas con actas, municiones y elementos destinados a los soldados. También sostiene que, durante esos meses, aparecieron 13 anotaciones negativas en su folio de vida, algo que considera difícil de explicar teniendo en cuenta que durante sus 14 años anteriores de servicio había acumulado reconocimientos.
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“Yo nunca entiendo cómo un militar que había tenido una hoja de vida intachable pudiera terminar con 13 anotaciones negativas en menos de seis meses”, manifestó.
Según Castañeda, las anotaciones estaban relacionadas con supuestos desacatos y el incumplimiento de órdenes, aunque ella sostiene que algunas de esas situaciones podían explicarse por las condiciones de comunicación de la base, donde, según su relato, no había señal constante de celular y los militares utilizaban radios para comunicarse.
Las señales de alerta
La familia también habría comenzado a notar un deterioro en el estado emocional del capitán. Castañeda cuenta que Moreno empezó a fumar pese a que no tenía ese hábito, dormía mal y se levantaba asustado. En uno de los momentos más delicados, asegura que su esposo le manifestó: “Estoy temiendo por mi vida”. Según ella, el oficial hablaba de un supuesto sentimiento de persecución o confrontación con uno de sus superiores.
Pese a ese panorama, Castañeda asegura que Moreno esperaba salir de Buga y continuar con su vida. Finalmente, consiguió un traslado hacia Florencia, Caquetá, como ayudante de un coronel que, según su esposa, había valorado positivamente su trabajo.
“Las últimas palabras, que también hay evidencias, dijo: ‘Mi amor, me voy de este infierno, se acabó este infierno para nosotros’”, recordó.
El día de su muerte
Pero el capitán no alcanzó a concretar ese nuevo comienzo. El día de su muerte, según el relato de Castañeda, ambos hablaron por teléfono. A las 5:30 de la mañana Moreno le habría pedido que no se demorara en preparar al hijo menor para viajar. Posteriormente, hacia las 8:30, le aseguró que un conductor estaba esperándola para llevarla al aeropuerto y que él iría a recibirla.
Apenas unos 20 minutos después de esa comunicación, Castañeda recibió una llamada en la que le preguntaron si había hablado recientemente con el capitán. Ella respondió que sí y que acababa de verlo por videollamada. Poco después le informaron que Moreno había muerto.
“Yo no entendía en qué 20 minutos una persona piensa en quitarse la vida”, afirmó.
Según el testimonio que recibió de personas presentes en el batallón, Moreno habría ingresado a la oficina del mayor Polanco y sostenido una reunión cuyo contenido todavía desconoce su familia. Castañeda asegura que el capitán salió “endemoniado” de ese encuentro, atravesó la Plaza de Armas y dio la orden de formar a los soldados. Luego se habría apartado unos metros y se escuchó el disparo.
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“¿Qué pasó en esos 20 minutos?”, se pregunta Castañeda. Para ella, ese lapso concentra uno de los principales interrogantes de la investigación: qué ocurrió entre la conversación que mantuvo con su esposo y el momento de su muerte.
La investigación
Cinco años después, la esposa asegura que continúa buscando respuestas. Afirma que presentó documentos, denuncias y acciones ante diferentes entidades y que ha solicitado conocer los resultados de inspecciones realizadas después de la muerte del capitán. Uno de los puntos que más cuestiona es que, según su versión, no aparecen claramente documentados los 21 días durante los cuales Moreno habría permanecido en las instalaciones del casino.
La familia también sostiene que ha recibido amenazas para que abandone el proceso. Castañeda afirma que, pese al miedo, decidió continuar con su búsqueda de justicia y que actualmente enfrenta procesos judiciales derivados de sus declaraciones públicas sobre el caso. También cuestiona que uno de los superiores señalados por ella continúe vinculado al Ejército.
La muerte del capitán Ronald Moreno fue presentada oficialmente como un suicidio, pero para su esposa las circunstancias que rodearon sus últimos meses y, especialmente, las horas previas a su fallecimiento, siguen dejando preguntas abiertas.
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Mientras continúa su lucha judicial, Castañeda dice que su principal objetivo es preservar la memoria del hombre que, según su relato, dedicó 14 años al Ejército y a sus soldados.
“Si me toca repetirla mil veces, lo voy a hacer, porque la justicia yo sé que va a llegar”, concluyó.