El presidente Gustavo Petro lleva varios meses en campaña, no solo buscando impulsar su candidato a la sucesión, que claramente es Iván Cepeda, sino que además tanto él como varios de los miembros de su gabinete insisten en promover una Asamblea Nacional Constituyente.
Lo primero es que el país debe sincerarse y decidir si tiene o no sentido una norma que, desde el jefe de Estado para abajo, muchos servidores públicos terminan desobedeciendo, en el sentido de la prohibición que tienen para participar en política electoral, y si decide mantenerla, se deben dar herramientas a los entes encargados de investigar y sancionar esa conducta.
Pero el tema de fondo es que el presidente termina mezclando en su permanente actividad proselitista, dos asuntos sobre los que su candidato, Iván Cepeda, no ha tenido la suficiente claridad en las recientes entrevistas que ha concedido.
El presidente decidió graduar como enemigo político a su colega el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, a quien acusa insistentemente en sus redes sociales de adelantar acciones coordinadas con la que él cataloga como “extrema derecha”, para impulsar la candidatura de Paloma Valencia, (aunque nunca la menciona directamente), en detrimento de su candidato Iván Cepeda (a quien tampoco nombra).
Pero a renglón seguido, el presidente concentra su campaña en promover ese viejo sueño que tiene de sacar adelante una Constituyente para cambiar la Constitución de 1991, a pesar de que siendo candidato tanto en 2018 como en 2022, se había comprometido a no meterse en una aventura de semejante calado, argumentando entre otras cosas que no la necesitaba para sacar adelante las reformas que prometía.
Ahora, el primero de mayo, el presidente dijo que su constituyente no pretende cambiar lo que trae la Constitución de 1991, sino que busca agregarle dos capítulos: uno con las reformas sociales que según él, no pudo sacar adelante por el bloqueo institucional en el Congreso y otro para sacar adelante un robusto sistema anticorrupción. Hubiera sido útil que sin tener que acudir a una reforma constitucional, el gobierno del presidente Petro hubiera tenido una actitud mucho más firme en contra de los corruptos, que se le metieron por muchas rendijas y terminaron muy cerca de su despacho.
El presidente y su gobierno prometieron recoger cinco millones de firmas para presentarlas ante el Congreso el próximo 20 de julio, con lo cual comenzaría el largo trámite que requeriría avanzar hacia la convocatoria de una Asamblea Constituyente.
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A propósito, llama la atención la ambigüedad del candidato Iván Cepeda frente a si convocaría o no a una Asamblea Constituyente si es elegido presidente, porque si bien ha dicho recientemente que él prefiere llegar a un acuerdo político nacional, con el Centro Democrático incluido, no le cierra la puerta a una Constituyente y de hecho en muchos de sus eventos proselitistas, hay activistas recogiendo firmas con ese propósito.
La conclusión es que Gustavo Petro no se va a retirar de la política una vez salga de la Presidencia, va a buscar sacar adelante una Constituyente cuyo camino quedará expedito si gana Cepeda y Petro intentará impulsar la lista del Pacto porque como ya lo dijo, seguramente será candidato para obtener una curul en esa asamblea.