Dura emergencia ambiental en el Occidente de Medellín: Habitantes de seis barrios denuncian vivir con las ventanas selladas por un denso olor a caucho quemado, atribución que hacen a ladrilleras de la zona y que ya deja afectaciones respiratorias en adultos, niños y mascotas.
Unidades residenciales y barrios enteros completan años soportando fuertes emisiones contaminantes que, aseguran, provienen de la zona de ladrilleras y una asfaltadora ubicada en la parte alta de la montaña del corregimiento de Altavista.
La problemática afecta de manera directa a complejos residenciales como Plaza Campestre, Río Campestre y Laureles Campestre, además de barrios como Santa Teresita, Castellana, Simón Bolívar, Cristóbal, La América y Santa Mónica.
Según Liliana Gaviria, líder de esta protesta, todas las madrugadas hasta las ocho de la mañana un olor intenso a diésel, caucho quemado y ACPM desciende desde la montaña, obligando a los residentes a aislar sus viviendas para evitar problemas respiratorios y cardiovasculares.
"Como somos los más cercanos a la montaña, nos toca cerrar todos los orificios de ingreso del aire a los apartamentos o a las viviendas, porque nos entra ese aire tan contaminado, como si fuera diésel, caucho quemado, a CPM, un olor fuerte nos despiertan. Tenemos problemas respiratorios, cardiovasculares", señaló.
A pesar de que el año pasado se declaró una emergencia ambiental tras debates de control político, la comunidad asegura que no hay respuestas efectivas y que las entidades territoriales y ambientales se “chutan la pelota” para evitar la responsabilidad, mientras pagan una alta sobretasa ambiental por estar ubicados en estratos altos.
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Los impactos en la salud son múltiples: menores de edad, adultos mayores e incluso mascotas registran afectaciones respiratorias graves que han derivado en el uso constante de medicamentos.
"Tenemos muchos, muchos personas afectadas, niños, adultos mayores, animales. Tengo mucha gente así", agregó.
Aunque se han instalado estaciones de monitoreo del SIATA que han llegado a registrar picos de contaminación superiores a los 300 microgramos de material particulado en una sola noche, los habitantes denuncian que las brigadas de salud institucionales no han cubierto las verdaderas necesidades de atención médica especializada.
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Ante este panorama, la comunidad y los líderes del sector exigen soluciones concretas, entre ellas la implementación de sistemas de monitoreo continuo en las chimeneas de las empresas para fiscalizar sus emisiones en tiempo real.