Un vuelo de Satena con destino a Medellín tuvo que regresar este lunes en horas de la tarde al Aeropuerto Internacional Ernesto Cortissoz, en Barranquilla, luego de presentar una falla técnica en uno de sus motores.
De acuerdo con el reporte entregado por la aerolínea, la aeronave debió realizar un aterrizaje de emergencia en el mismo aeropuerto del que había despegado, como medida preventiva ante la situación presentada durante el vuelo.
Satena informó que los 24 pasajeros que viajaban a bordo no resultaron afectados por la falla registrada en uno de los motores de la aeronave. La compañía señaló que la situación fue atendida siguiendo los protocolos establecidos.
Debido al inconveniente técnico, el vuelo que tenía como destino la capital antioqueña no pudo completar su recorrido hasta Medellín y tuvo que ser reprogramado por la aerolínea.
Según informó Satena, los pasajeros podrán realizar el trayecto este martes 1 de septiembre, cuando está previsto que se retome la operación correspondiente a esta ruta.
El incidente generó la activación de los procedimientos de seguridad de la compañía, sin que se reportaran personas lesionadas ni otras afectaciones entre los pasajeros que se encontraban en el vuelo.
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“Satena, en cumplimiento de sus procedimientos de seguridad operacional, realizó las verificaciones técnicas correspondientes y determinó la reprogramación del vuelo para el 1 de septiembre de 2026. Durante esta situación, la aerolínea brindó a los pasajeros alojamiento, alimentación, transporte y la compensación correspondiente, como parte de las medidas de atención establecidas. La compañía reitera su compromiso con la seguridad aérea y la protección de sus pasajeros, reafirmando que todos los procedimientos establecidos se ejecutan conforme a los más altos estándares de seguridad operacional”, escribieron en un comunicado.
Uno de los que estuvo a bordo durante la emergencia fue Darío Ortiz, quien detalló a Blu Radio cómo vivió el episodio junto con su esposa y sus dos hijos.
“Dentro de la cabina todo era mirándonos y cogidos de las manos, rezando. No sabíamos nada. La azafata pasaba y nos decía que estuviéramos tranquilos, que eso se iba a solucionar. Me tocó tratar de controlar a la familia y otras personas”, fueron sus palabras.