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¿Cómo la IA está transformando la medicina de precisión para combatir el cáncer?

La IA permite analizar datos genéticos, clínicos e imágenes para detectar patrones, anticipar riesgos y orientar terapias personalizadas, con el criterio médico como eje.

Avance contra el cáncer
Investigaciones contra el cáncer.
Foto: Freepik

La inteligencia artificial (IA) está dejando de ser una tecnología asociada exclusivamente al futuro para convertirse en una herramienta con aplicaciones cada vez más concretas en la medicina. En el campo de la oncología, su capacidad para procesar grandes cantidades de información está impulsando una transformación en la manera de detectar, estudiar y tratar el cáncer.

El cambio cobra especial relevancia en Colombia, donde esta enfermedad continúa representando un importante desafío para el sistema de salud. De acuerdo con las estimaciones de GLOBOCAN correspondientes a 2022, en el país se presentaron 117.620 nuevos casos de cáncer y 56.719 muertes. A esto se suma que, según cifras de la Cuenta de Alto Costo, más de 651.000 personas viven actualmente con algún tipo de cáncer en Colombia.

En medio de este panorama, la medicina de precisión aparece como una de las principales apuestas para mejorar la atención de los pacientes. Su objetivo es determinar cuál puede ser la alternativa terapéutica más adecuada para cada persona a partir de las características particulares de su tumor.

La inteligencia artificial puede potenciar ese proceso al cruzar información que proviene de diferentes fuentes: antecedentes clínicos, estudios genéticos, datos moleculares, imágenes radiológicas y muestras analizadas mediante patología digital. Al hacerlo, los algoritmos pueden encontrar relaciones y patrones difíciles de detectar mediante un análisis convencional.

Avance contra el cáncer
Investigaciones contra el cáncer.
Foto: Freepik

Así lo explicó el doctor Rafael Parra Medina, MD, PhD, del Laboratorio de Patología del Instituto Nacional de Cancerología y docente investigador de la Universidad FUCS, quien señaló que estas herramientas permiten construir modelos matemáticos capaces de estimar la evolución de un paciente y contribuir a identificar alteraciones moleculares que podrían orientar el uso de terapias dirigidas.

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Las aplicaciones de esta tecnología ya abarcan distintas etapas del manejo de la enfermedad. En radiología y patología digital, por ejemplo, los sistemas de IA pueden ayudar a analizar imágenes; mientras que en investigación permiten avanzar en la búsqueda de biomarcadores y posibles blancos terapéuticos.

Otro de los campos que podría beneficiarse es el de la biopsia líquida, una técnica que busca detectar información del tumor a partir de muestras de sangre. La IA puede contribuir al procesamiento e interpretación de estos datos, ampliando las posibilidades para estudiar la evolución de determinados cánceres.

También existen modelos capaces de analizar imágenes histológicas y generar información relacionada con el pronóstico. Según Parra Medina, estas herramientas podrían contribuir a identificar qué pacientes requieren estrategias terapéuticas diferentes a las utilizadas tradicionalmente.

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Sin embargo, el avance tecnológico plantea una precisión fundamental: la inteligencia artificial no reemplaza al médico.

La doctora July Rodríguez, directora científica de la Fundación para la Investigación Clínica y Molecular Aplicada del Cáncer (FICMAC), destacó que el valor de estas herramientas está en complementar el conocimiento de los profesionales y facilitar el análisis de información compleja.

En la práctica, esto significa que los resultados generados por un algoritmo deben ser revisados y puestos en contexto por especialistas. La historia clínica, las condiciones particulares del paciente y el criterio científico continúan siendo elementos indispensables para definir una conducta médica.

Además, detrás de los sistemas de inteligencia artificial existe un trabajo multidisciplinario que involucra a médicos, patólogos, biólogos, bioinformáticos e ingenieros. Estos profesionales participan en procesos de entrenamiento, validación y supervisión para determinar qué tan confiables pueden ser los modelos antes de incorporarlos como herramientas de apoyo.

El reto, especialmente para Colombia, tampoco termina en desarrollar o adquirir tecnología. Los especialistas advierten que será necesario mejorar la calidad y disponibilidad de los datos, impulsar investigaciones realizadas en el país y garantizar que los avances no estén disponibles únicamente para algunos pacientes o instituciones.

A esto se suman preguntas relacionadas con la ética, la protección de la información y la regulación de estas tecnologías. Su incorporación a la práctica clínica requiere evidencia científica suficiente y mecanismos que permitan establecer responsabilidades y límites claros.

La combinación entre inteligencia artificial y medicina de precisión abre, así, una nueva posibilidad para la oncología. Analizar millones de datos en menos tiempo, reconocer patrones, contribuir a diagnósticos más oportunos y orientar tratamientos según las características de cada tumor podría cambiar de manera significativa la atención del cáncer.

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Pero el verdadero desafío será lograr que esa capacidad tecnológica se traduzca en mejores decisiones médicas y, sobre todo, en beneficios concretos para los pacientes. La IA puede procesar información a una velocidad extraordinaria; la decisión sobre cómo utilizarla seguirá dependiendo del conocimiento y la experiencia de quienes están al frente de la atención.

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