La reciente expedición del Decreto 380 por parte del Ministerio de Salud ha abierto un debate en Colombia sobre la fortificación obligatoria de alimentos básicos como el arroz y la harina. La medida, que busca mejorar la nutrición de la población mediante la adición de micronutrientes esenciales, ha generado inquietudes entre los consumidores, especialmente en torno a posibles cambios en el sabor, olor o calidad de los productos. En entrevista con Mañanas Blu, con Néstor Morales, el presidente de la Asociación Colombiana de Nutrición, Luis Miguel Becerra, explicó los alcances de esta normativa y aclaró las principales dudas que han surgido en la opinión pública.
¿Cambiarán el sabor, olor o color de los alimentos?
Uno de los principales temores de los consumidores es que la fortificación afecte las características organolépticas de los alimentos, es decir, aquellas percibidas por los sentidos. Sin embargo, Becerra fue enfático en señalar que esto no debería ocurrir.
“En teoría no deberían haber cambios organolépticos, es decir, en el olor, el color o el sabor”, aseguró el experto, quien explicó que las dosis de micronutrientes están cuidadosamente reguladas para evitar alteraciones perceptibles.
El especialista añadió que, aunque el hierro podría generar alguna variación, “se utilizan dosis pequeñitas que no cambian ni el olor ni el sabor”, lo que garantiza que alimentos tradicionales como el arroz o las arepas mantengan sus características habituales.
¿En qué consiste la fortificación de alimentos?
La fortificación consiste en añadir vitaminas y minerales como hierro, zinc, ácido fólico y vitaminas del complejo B durante el proceso de producción de alimentos de consumo masivo. Esta práctica no es nueva en Colombia; por ejemplo, la sal ha sido fortificada durante décadas para prevenir enfermedades relacionadas con la tiroides.
Con el nuevo decreto, esta política se amplía a productos esenciales en la dieta diaria de los colombianos, como el arroz, la harina de maíz y la harina de trigo. El objetivo es mejorar la ingesta de nutrientes sin modificar los hábitos alimenticios.“Lo que busca el Ministerio de Salud es que, sin cambiar la dieta, los colombianos reciban más vitaminas y minerales en alimentos que consumen todos los días”, explicó.
Un problema de salud pública
La medida responde a un diagnóstico preocupante sobre la situación nutricional del país. Según datos citados por Becerra, menos del 25% de las harinas en Colombia estaban fortificadas antes del decreto, lo que contribuía a déficits importantes en la población.“Tres de cada diez niños tienen deficiencias importantes de zinc, y casi cinco de cada diez mujeres presentan deficiencia de hierro”, señaló el experto. Estas carencias están asociadas a problemas de desarrollo, anemia y otras enfermedades que pueden afectar la calidad de vida a largo plazo. Por ello, la fortificación se plantea como una estrategia de salud pública para cerrar estas brechas nutricionales.
¿Cómo se añaden los micronutrientes?
Uno de los puntos de debate es el momento en que se agregan los nutrientes. Según explicó Becerra, existen dos métodos: al inicio del proceso (durante la molienda) o al final (en el producto listo para empacar).“Lo ideal sería hacerlo en el producto listo para consumir, porque así se evita la pérdida de vitaminas durante la cocción”, afirmó.El experto advirtió que procesos como la cocción del arroz pueden reducir significativamente el contenido de nutrientes: “el calor puede generar pérdidas de más del 40% de algunos micronutrientes, como el ácido fólico”.
Otro aspecto relevante es el posible aumento en los precios. No obstante, los estudios internacionales indican que el impacto sería mínimo. "La fortificación puede incrementar el costo entre un 0,2% y un 2,4%, lo que representa apenas unos pocos pesos por kilo”, explicó Becerra, quien descartó un impacto significativo en el bolsillo de los consumidores.Asimismo, el especialista aclaró que la fortificación no está asociada al aumento de peso. Por el contrario, una mejor nutrición puede contribuir a reducir problemas como el sobrepeso, que en muchos casos está ligado a deficiencias de micronutrientes.
Tradición y modernización alimentaria
La implementación del decreto también plantea retos culturales, especialmente en regiones donde aún se preparan alimentos de forma artesanal. Sin embargo, la normativa apunta principalmente a productos industrializados, como harinas precocidas y arroz procesado. En este sentido, Becerra indicó que incluso productos como las arepas empacadas deberán cumplir con la fortificación, siempre que se elaboren con materias primas producidas en el país.