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¿Siente corrientazos o ardor en el cuerpo? Estas son las señales que no debería ignorar

Reconocer cuándo estas molestias requieren atención médica es clave para evitar que afecten el sueño, el estado de ánimo y las actividades diarias. Expertos explican cómo actuar a tiempo.

Hombre que siente corrientazos en el cuerpo
Muchas personas sienten corrientazos en el cuerpo.
Foto: Hecha con IA

El dolor es una señal del organismo que puede advertir sobre una alteración en la salud. Aunque en ocasiones desaparece por sí solo, cuando persiste, reaparece con frecuencia o se manifiesta mediante sensaciones como quemazón, hormigueo y descargas eléctricas, es importante prestar atención y consultar con un profesional de la salud.

Una de las condiciones que requiere especial atención es el dolor neuropático, relacionado con lesiones o enfermedades del sistema nervioso. Este tipo de dolor puede afectar distintas partes del cuerpo y mantenerse incluso después de que la causa inicial haya sido tratada, lo que representa un desafío para quienes lo padecen.

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De acuerdo con la doctora Bilena Molina, médica anestesióloga, especialista en dolor y cuidados paliativos, y presidenta de la Asociación Colombiana de Cuidados Paliativos (ACCP), las personas pueden experimentar ardor, pinchazos, corrientazos, hormigueo o una sensación de frío que resulta dolorosa.

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Mujer con dolor de estómago.
Foto: Freepik.

La especialista explica que también pueden presentarse situaciones en las que estímulos que normalmente no generan molestias, como el contacto de la ropa con la piel o una caricia, desencadenan dolor. Asimismo, una sensación dolorosa habitual puede percibirse con una intensidad mucho mayor de la esperada.

¿Cómo identificar el dolor neuropático?

A diferencia de otras molestias físicas, el dolor neuropático está asociado con una lesión o enfermedad del sistema nervioso que interviene en la transmisión de las sensaciones. Por eso, reconocer sus características puede ayudar a orientar el diagnóstico y facilitar la elección de un tratamiento adecuado.

La doctora Molina recomienda que los pacientes aprendan a describir lo que sienten y a identificar las circunstancias en las que aparecen los síntomas. Para ello, resulta útil observar en qué parte del cuerpo se presenta el dolor, cuándo aumenta, qué situaciones lo desencadenan y qué medidas contribuyen a aliviarlo.

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La duración también es un criterio importante para clasificar el dolor. Según la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP), se considera agudo cuando dura menos de tres meses y crónico cuando se prolonga durante tres meses o más.

Además, las molestias pueden variar en intensidad y frecuencia. Algunas permanecen durante buena parte del día, mientras que otras aparecen de manera repentina, incluso cuando el dolor parecía estar controlado. Dependiendo de su gravedad, pueden interferir con las actividades cotidianas, el descanso y la movilidad.

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Las consecuencias del dolor van más allá del cuerpo

El dolor neuropático no solo afecta el bienestar físico. Cuando se prolonga, también puede alterar el sueño, el apetito, la concentración y las relaciones personales. En algunos casos, las personas experimentan irritabilidad, ansiedad, síntomas depresivos y dificultades para cumplir con sus responsabilidades laborales.

La falta de descanso puede agravar el problema: dormir mal aumenta la percepción del dolor y, a su vez, las molestias dificultan conciliar el sueño. Este ciclo puede deteriorar progresivamente la calidad de vida.

Insomnio
Una fruta es perfecta para eliminar el estrés y ayuda al descanso.
Foto: Magnific

Martín Javier Martínez, CEO de Aspen Clúster Andino, señala que esta condición también representa un desafío social y económico, por lo que su atención debe ir más allá del tratamiento médico. El acompañamiento emocional y la comprensión del entorno son aspectos relevantes para el bienestar de los pacientes.

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Por su parte, la doctora Catalina Baena, especialista en dolor y cuidados paliativos de la Pontificia Universidad Javeriana, destaca la importancia de ofrecer una atención integral que tenga en cuenta las necesidades particulares de cada persona.

Este abordaje puede involucrar a especialistas en dolor, psiquiatría, medicina física y rehabilitación, además de profesionales de fisioterapia, terapia ocupacional y psicología.

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¿Qué hacer si presenta estas señales?

Ante síntomas como ardor persistente, corrientazos, hormigueo o dolor provocado por el roce, la recomendación es comunicarlos al médico para que evalúe sus características y determine los pasos que deben seguirse. No todas estas sensaciones tienen el mismo origen, por lo que es importante evitar el autodiagnóstico y no asumir que se trata necesariamente de dolor neuropático.

El manejo puede incluir medicamentos prescritos por profesionales y medidas complementarias, como actividad física adaptada a las capacidades de cada paciente, fisioterapia, ejercicios de relajación, técnicas de respiración y estrategias para mejorar el sueño. El apoyo psicológico también puede contribuir a afrontar las consecuencias emocionales de esta condición.

La participación de familiares y cuidadores es otro componente importante. Según la doctora Baena, educar al entorno permite comprender mejor las molestias, reconocer los factores que las empeoran y acompañar de manera adecuada el tratamiento indicado.

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El objetivo, coinciden las especialistas, no consiste únicamente en disminuir la intensidad del dolor, sino también en recuperar la funcionalidad, descansar mejor y mantener, en la medida de lo posible, las actividades familiares, sociales y laborales.

Por eso, reconocer las señales que expresa el cuerpo y buscar orientación médica a tiempo puede marcar una diferencia en el diagnóstico y el manejo de estas molestias. Aunque el dolor neuropático puede requerir tratamientos prolongados, la atención individualizada busca mejorar el bienestar y evitar que la persona tenga que resignarse a convivir con el dolor sin acompañamiento.

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