el trayecto fue acechado por un tiburón.
“Hubo varias anécdotas. Cuando llevábamos unos 10 kilómetros nadando vimos que entre los botes comenzaron a gritar. Levantamos la cabeza y vimos la aleta de un tiburón”, dijo.
Agregó que más adelante les informaron que el animal llevaba ya varios minutos dándole vuelta.
“Nos sacaron del agua, esperaron que el tiburón se alejara y volvimos a entrar al agua”, dijo al afirmar, en tono de broma, que nunca había nadado tan rápido para llegar al bote.
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De otro lado, señaló que el programa de entrenamiento duró dos años: “Entrenábamos cinco días en piscina y una en el mar, donde hacíamos jornadas desde 7 hasta 10 kilómetros”.
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Agregó que durante el recorrido paraba cada 45 minutos, cumpliendo las reglas de la asociación que vigila el recorrido, entre las que se encuentra que el nadador no puede apoyarse en el bote para descansar.
Finalmente señaló que la iniciativa se dio para recoger recursos para los niños del centro de Barranquilla y que ha tendido muy buena acogida en diversas partes del mundo.