El reciente desarrollo de la misión Artemis II ha reactivado el interés global por la exploración espacial y el regreso del ser humano a la Luna, un hito que no se repetía desde hace casi 50 años. Este avance no solo representa un logro tecnológico, sino también un impulso a la cooperación científica internacional y a la proyección futura de la humanidad fuera de la Tierra.
Alejandro Farah, académico de la Universidad Autónoma de México e integrante del Instituto de Astronomía, en Sala de Prensa Blu, destacó que uno de los aspectos más relevantes de la misión fue la complejidad técnica detrás de su ejecución. “Lo que más esperaba ver es la energía, tanto de los cohetes como la energía puesta en los cálculos orbitales que hicieron los colegas de la NASA”, afirmó. Además, subrayó dos momentos críticos: “la ignición” y el funcionamiento del “escudo térmico”, elementos que comparó con “cuando uno despega y aterriza en el avión, que dicen que es lo más difícil”.
Recursos lunares y futuro energético
Uno de los objetivos de la misión Artemis es sentar las bases para una presencia permanente en la Luna. Según Farah, esto tiene implicaciones directas para la Tierra. “Nuestro satélite natural tiene muchos recursos naturales que pueden ser traídos”, explicó, mencionando materiales como el helio 3, agua y oxígeno.
En particular, resaltó el potencial energético: “el Helio 3 es un isótopo que si lo traes a la Tierra lo puedes utilizar para generar energía nuclear económica y muy rentable, y aparte que no contamina el medio ambiente con radioactividad”.
¿Es viable vivir en la Luna?
Sobre la posibilidad de habitar el satélite, el experto señaló que, aunque no es un entorno natural para la vida humana, se contemplan soluciones tecnológicas. “Vamos a tener que tener una serie de sistemas, cápsulas… algo parecido a iglús sofisticados que permitan tener una atmósfera y presión adecuadas”, indicó.
También planteó una visión a largo plazo: “el ser humano vamos a tener que dejar este planeta porque es finito… más vale temprano”.
Frente a los cuestionamientos sobre el alto costo de estas misiones, Farah defendió su impacto económico y tecnológico. “Por cada dólar que invirtió en las misiones Artemis, se espera tener tres dólares de retorno”, explicó, destacando además los beneficios indirectos en innovación y desarrollo industrial.
Escepticismo y teorías conspirativas
El académico también abordó las dudas sobre la veracidad de los alunizajes. Fue enfático al señalar que “no hay una sola prueba verídica” que respalde teorías conspirativas. Como evidencia, mencionó que los espejos instalados en la Luna durante las misiones Apolo pueden ser utilizados para experimentos con láser desde la Tierra.
Finalmente, Farah resumió el significado de este avance: “Este es otro paso para la humanidad y vienen muchos más”, invitando especialmente a las nuevas generaciones a involucrarse en el desarrollo científico y tecnológico.
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