La carrera entre las empresas y los ciberdelincuentes se está acortando. Un análisis de Censys identificó que más de seis millones de servidores en internet son accesibles, y cerca de 2,45 millones siguen operando sin mecanismos básicos de protección, lo que puede dejar credenciales e información sensible al alcance de los atacantes.
A la vez, la explotación de nuevas vulnerabilidades críticas aumentó 105 %, de acuerdo con el Attack Intelligence Report de Rapid7 (2025). El tiempo promedio entre el descubrimiento de una vulnerabilidad y su uso por parte de los ciberdelincuentes pasó de 8,5 días a solo cinco días. En otras palabras, las empresas cuentan con menos de una semana para identificar y corregir una falla antes de que pueda ser aprovechada por los delincuentes digitales.
Colombia no es ajena a esta tendencia: el país registró 10,9 billones de intentos de ciberataques en el último año, lo que lo ubica como el tercer país más atacado de América Latina, solo detrás de Brasil y México, según datos de ERC Colombia. A esto se suma que, entre enero y mayo de 2026, el Ministerio de Defensa reportó un aumento del 36 % en los delitos informáticos frente al mismo periodo de 2025.
Por esta razón, las entidades financieras están fortaleciendo sus capacidades de inteligencia de amenazas, una estrategia que les permite comprender mejor las nuevas modalidades de ataque, detectar posibles campañas de fraude y actuar antes de que afecten a sus clientes o a su operación.
"El reto actual no consiste únicamente en proteger la infraestructura tecnológica. Las entidades financieras necesitan conocer sus riesgos antes de que los ciberdelincuentes los detecten. La velocidad con la que evolucionan las amenazas obliga a pasar de un modelo reactivo a uno basado en prevención e inteligencia", afirma Simbad Ceballos, CEO de OlimpIA.
Para el sector financiero, contar con información oportuna sobre las amenazas permite reforzar la protección de los clientes, reducir las posibilidades de fraude y minimizar afectaciones en servicios que millones de personas utilizan diariamente.
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"La información solo genera valor cuando se convierte en inteligencia para la toma de decisiones. Por eso, las organizaciones necesitan tener la capacidad de identificar qué riesgos son realmente prioritarios y actuar con rapidez antes de que una vulnerabilidad afecte su operación o la confianza de sus clientes", agregó Ceballos.
Un solo descuido puede tener un efecto dominó: una vulnerabilidad sin corregir puede abrir la puerta al robo de información, facilitar intentos de fraude y desencadenar una crisis reputacional. Mientras los ciberdelincuentes operan con mayor rapidez y sofisticación, la prevención está ganando terreno frente a la reacción para proteger la confianza de los usuarios.