El uso de pantallas en la infancia se ha convertido en un tema de debate educativo, especialmente por su posible impacto en el desarrollo del lenguaje. En una etapa en la que el cerebro alcanza su mayor nivel de plasticidad, la exposición temprana y prolongada a dispositivos electrónicos empieza a mostrar efectos en áreas clave como la comunicación, la atención y las habilidades cognitivas.
Un estudio publicado por el Journal of the Medical Association of Thailand advierte que una mayor exposición a pantallas puede afectar el desarrollo del lenguaje y la alfabetización. Según los hallazgos, superar las dos horas diarias de uso incrementa hasta en un 433 % el riesgo de retraso en el lenguaje, mientras que cada 30 minutos adicionales elevan en un 49 % la probabilidad de dificultades en el lenguaje expresivo. La situación es más crítica en menores que pasan más de nueve horas frente a pantallas: apenas el 20,1 % logra alcanzar los hitos esperados a los cinco años.
En Colombia, las cifras reflejan la magnitud del fenómeno. Datos de la Comisión de Regulación de Comunicaciones indican que el 61 % de los niños, niñas y adolescentes ya tiene un celular propio, y que el 35 % de los menores entre 6 y 9 años lo usa de manera habitual. Además, hasta el 64 % pasa cerca de nueve horas diarias frente a pantallas, en muchos casos sin supervisión, lo que aumenta la preocupación sobre sus efectos en el desarrollo integral.
Expertos advierten que el problema no es la tecnología en sí, sino su uso prolongado diariamente. En esa línea, experiencias internacionales como la de Países Bajos, donde se restringió el uso de dispositivos en colegios, han mostrado mejoras en la concentración, la socialización y el rendimiento académico.
“La tecnología es una herramienta poderosa, pero no es neutra; su impacto depende de cómo, cuándo y para qué se usa. En etapas tempranas, no debería reemplazar procesos fundamentales como la interacción, el juego o la construcción del pensamiento”, explica José David Tena Gascón, directivo de mattilda.
En Colombia, pilotos en instituciones educativas también evidencian resultados positivos tras limitar el uso de pantallas, con mejoras en la atención, la participación en clase y la interacción social. Organismos como la Unesco insisten en que la tecnología debe integrarse con un propósito pedagógico claro: fortalecer la enseñanza sin sustituirla.