El Atlético Bucaramanga y Júnior jugaban un partido decisivo para clasificar al hexagonal final del fútbol colombiano el domingo 11 de octubre 1981, pero las supuestas malas decisiones del árbitro, Eduardo Peña, generó un caos en el estadio que provocó la acción militar.
En julio el Fondo de Financiamiento de la Infraestructura Educativa se había comprometido a reasignar contratista por incumplimientos del encargado de las obras.