Corrupción, la guerra que nos queda por ganar: editorial de Óscar Montes
Editorial del panelistas Óscar Montes.
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Las cifras sobre corrupción en el país son aterradoras. La más reciente, revelada por Transparencia por Colombia, habla de $23 billones que le cuestan al país las actuaciones fraudulentas de funcionarios públicos y de particulares, porque se trata de un fenómeno de doble vía. En otras palabras, las cifras de corrupción son superiores a lo que el Gobierno aspira a recoger por la Reforma Tributaria.
La corrupción es el gran flagelo nacional. Es el cáncer que no hemos podido combatir ni erradicar y que por el contrario cada día crece más y más. El Gobierno anuncia todos los años que luchará contra las actividades ilícitas de los funcionarios del Estado, pero los resultados no se ven.
Pese a los esfuerzos que hacen los organismos de control, como la Procuraduría, la Contraloría y hasta la misma Fiscalía, la impunidad sigue reinando cuando se trata de combatir este flagelo.
Cifras recientes hablan de que el 80% de los actos de corrupción quedan impunes en el país. A ello se suma que ni siquiera la sanción social, que muchas veces es la más efectiva, se está dando en Colombia, pues lo que se observa es que a los corruptos los premian por sus actos. La sociedad no los castiga, sino que los enaltece. Ser corrupto paga en la Colombia de hoy.
Cerrado el capítulo de la negociación con las Farc y del reconocimiento internacional al presidente Juan Manuel Santos por ese logro, ya es hora de que el Ejecutivo emprenda la lucha frontal contra esta actividad que desangra las arcas de la Nación.
Los organismos de control deben sumar fuerzas para hacerle frente a la corrupción. Está visto que la actuación individual de cada uno de ellos no ha dado los resultados esperados, pues muchas veces los corruptos terminan imponiendo a los funcionarios, sobre todo en las administrativos regionales especialmente Alcaldías y Gobernaciones.
La ciudadanía debe tomar conciencia de que los dineros públicos son sagrados y que un peso que se pierde por corrupción es un peso que se deja de invertir en escuelas, hospitales y obras de infraestructura.
De manera que la guerra contra la corrupción debe ser implacable y contundente, como acontece con los resultados que empieza a mostrar el Final General, Néstor Humberto Martínez. Pero para que esta guerra se gane se requiere de la participación de todos, porque como se dice popularmente una golondrina no hace verano.