El cinismo de Diosdado Cabello, al considerar las imágenes que muestran la tragedia del éxodo venezolano como un “montaje” de los enemigos del régimen chavista, no tiene límites.
Tanto él como Nicolás Maduro en lugar de reconocer la magnitud de la tragedia causada por su incompetencia y por la corrupción que impera en todas instituciones venezolanas, prefieren señalar a los gobiernos vecinos de confabularse para atentar contra ellos.
Es un hecho evidente que miles de venezolanos salen todos los días despavoridos en busca de un mejor futuro para sus familias.
Hoy son millones. Es una verdadera diáspora, ocasionada y promovida por los principales líderes del chavismo.
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Los gobiernos de los países fronterizos hacen lo que pueden para tratar de hacerle frente a un asunto muy complejo y delicado, aunque hay que reconocer que no siempre las medidas son las más acertadas.
Panamá, Ecuador y Perú decidieron ejercer mayores controles a los migrantes venezolanos y algunos de ellos ya han sido expulsados.
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En Colombia, el gobierno de Iván Duque estudia las medidas que adoptará para hacerle frente a la crisis humanitaria.
Pero cualquier decisión que tomen Duque y su canciller, Carlos Holmes Trujillo, deberá contar con la participación directa tanto de la comunidad como de los organismos internacionales.
La solución a la tragedia humanitaria, causada por el éxodo de venezolanos, tiene que ser multilateral y debe comprometer a los gobiernos de la zona, así como a organismos internacionales, como la ONU y la OEA.
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Está visto que el régimen chavista nada hará por buscar una solución a la crisis. Todo lo contrario: cada medida que adopta, como el llamado “paquetazo de Maduro”, solo sirve para fomentar la migración de los compatriotas venezolanos.