La música para piano del primer Beethoven suene tan vital-y tan diferente de la de sus contemporáneos-es el grado en el que explota un amplio espectro de texturas. Existen, claro está, modelos y técnicas básicos, convencionales, característicos de la música para teclado, que operan en su música y a partir de los cuales puede reconocerse fácilmente una deuda con las generaciones anteriores como, por ejemplo, una entre tantas, la técnica que tomó probablemente de la música de Mozart, el cruce de una mano sobre la otra. Convencionalmente, este procedimiento se utiliza para permitir que la melodía y el bajo se respondan entre sí sobre un acompañamiento continuo en un registro central.
Entre los años 1805 y 1806, todos los esfuerzos de Beethoven en cuanto a composición estuvieron concentrados en su única ópera, Fidelio. Esa obra le trajo innumerables problemas y exigió repetidas revisiones. Jamás se sintió totalmente contento con ella, al punto de afirmar: “Todo este asunto de la ópera es de lo más agotador que hay en el mundo porque estoy insatisfecho con la mayor parte y prácticamente no existe en ella ningún número que, con mi actual insatisfacción, no cambiaría aquí y allá con cierto agrado”.
Para celebrar los 250 años del nacimiento de Beethoven haremos un viaje en el tiempo y nos sentaremos en su piano junto a él. Escucharemos las obras del inicio, la mitad y el final de su vida y las historias que rodearon a cada una.
En este episodio leemos tres apartados de diferentes relatos que componen "Kintsugi", la más reciente entrega de la escritora chilena María José Navia.
En este episodio seguimos contando la vida y obra del compositor alemán Jorge Federico Händel, considerado uno de los mayores exponentes del barroco y de los más influyentes de la música universal, junto a Bach. Es 1741 y a pesar de los esfuerzos de Haendel, la opera parece pasar de moda y la academia se vacía.