Leer a Luis Miguel Rivas es muy similar a comerse una trufita de chocolate, uno sabe que le espera algo en lo que el placer será el protagonista, pero no sabe en qué mordisco sucederá. La literatura de Rivas, atravesada por el lenguaje del barrio, de Medellín, tiene la consideración de un narrador que pese a que no lo ve todo, siempre está abierto para el lector. No es un espejo, sin embargo. Una ciudad que parece estancada en el tiempo y que escupe los últimos resquicios donde habita la ternura, la amistad y la belleza. En esta conversación con Luis Miguel, él en Buenos Aires y yo en Bogotá, hablamos sobre la poesía y el amor; acerca de esa fuerza demoledora que es la de escribir y sobre todo, sobre los amigos.
El famoso Septeto en Mi bemol, op.20,para vientos y cuerdas de Beethoven, maravilloso modelo del estilo galante del siglo XVIII, es uno de los más finos “divertimentos” de la época. Es una obra de juventud escrita sin otro propósito diferente del de agradar a quienes lo escuchan.
Este libro, publicado en 2018 por el escritor español Manuel Vilas bajo el sello Alfaguara, se convirtió rápidamente en un éxito editorial. Pero, más allá de los reconocimientos que ha tenido, es importante porque Vilas logra aterrizar y explicar la experiencia de la muerte y de la ausencia con una prosa hermosa, poética y profunda.
Ludwig van Beethoven compuso durante su vida una ópera solamente: “Fidelio”. Beethoven amaba las temáticas idealistas y heroicas y la mayoría de los textos carecían de significancia y fuerza expresiva, por lo que no sorprende en nada, que la tragedia “Egmont” de Johann Wolfgang Goethe le hay conmovido especialmente.
En tiempos de Beethoven las obras de circunstancia constituían un tipo propio de piezas teatrales escritas para realce de las celebraciones de la nobleza. Cuanto más importante era la ceremonia, tanto más se valoraba el papel de la música que debía de sonar integrada en la acción escénica.
El “Emperador” fue el último concierto para piano de Beethoven. Data principalmente de comienzos de 1809 y se vio seguido de cerca por la finalización de otra obra que aunaba piano y orquesta, la Fantasía Cora