En Colombia, el emprendimiento tiene cada vez más cara de mujer. Así lo muestran las cifras de Bancamía, de los más de 170.000 microempresarios que han recibido apoyo, el 57 % son mujeres.
Pero más allá de los números, lo que realmente llama la atención son las historias detrás de esos negocios. Muchas de estas emprendedoras han salido adelante en contextos difíciles, ya que el 72 % de los clientes de la entidad se encuentra en condición de vulnerabilidad. Aun así, han logrado sacar sus proyectos adelante, generar ingresos y, en muchos casos, empleo.
Parte de ese crecimiento se explica por el acceso a herramientas que van más allá de un crédito. Programas que combinan financiamiento, formación y digitalización han permitido que el 66 % de los emprendedores mejore sus ingresos, e incluso que la mitad logre superar la línea de pobreza en un periodo de dos años.
La formación ha sido clave en este proceso. A través del programa “Empodérate de tu negocio”, desarrollado junto a la Universidad Jorge Tadeo Lozano, varios emprendedores —muchas de ellas mujeres— han fortalecido conocimientos en finanzas, sostenibilidad y administración. Recientemente, 100 microempresarios se graduaron, dando un paso importante hacia la formalización de sus negocios.
Un ejemplo es el de Angélica Villanueva, en Bogotá, quien convirtió su gusto por el diseño en una empresa de moda sostenible. Su emprendimiento, enfocado en el uso de cuero vegano y el aprovechamiento de residuos, no solo apuesta por el cuidado ambiental, sino que también genera 16 empleos directos.
Su caso refleja algo que se repite en otros negocios, un cambio en la forma de emprender. Decisiones como separar las finanzas personales de las del negocio o asignarse un salario fijo han sido claves para consolidar sus empresas y proyectarlas a futuro.
Hoy, las mujeres no solo están emprendiendo más, sino que lo están haciendo con una visión más estructurada y sostenible. Además, el impacto va más allá de lo individual. Uno de cada cuatro microempresarios genera empleo, lo que convierte a estos negocios en motores importantes para las economías locales, tanto en ciudades como en zonas rurales.
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Los resultados también respaldan ese avance: las microempresas acompañadas registran un crecimiento promedio anual del 15 % en ventas y del 18 % en utilidades, lo que evidencia una mejor gestión y mayor productividad.