En un esfuerzo por salvaguardar el desarrollo cognitivo y la salud mental de los estudiantes, la ciudad de Nueva York ha decidido implementar la regulación tecnológica más estricta de los Estados Unidos en el ámbito educativo.
El alcalde de la ciudad, Zohran Mamdani, confirmó la prohibición del uso de herramientas de inteligencia artificial (IA) para todos los alumnos de escuelas públicas desde el nivel preescolar hasta el octavo grado.
Esta medida, que se estima entrará en vigor en el ciclo escolar de 2026 y durará un año, afectará directamente a cerca de 600.000 estudiantes menores de 13 años.
La directriz impone además severos límites a la exposición digital en el aula: se prohíben las pantallas individuales antes del tercer grado (8-9 años), y se recomienda un límite máximo de tiempo de pantalla diaria de 30 minutos para primaria y de 45 minutos para alumnos de sexto a octavo grado.
Asimismo, los "chatbots de compañía" diseñados para dar apoyo psicológico quedan prohibidos en todos los grados escolares.
Publicidad
Al respecto, el alcalde Mamdani fue enfático en sus declaraciones: "La industria tecnológica quiere que creamos que la educación infantil impulsada por IA no solo es inevitable, sino necesaria. Pero no lo vemos así".
El mandatario añadió que "los niños necesitan de profesores y de conexiones humanas para aprender y crecer. Necesitan desarrollar habilidades junto con sus compañeros, establecer relaciones con los educadores y enfrentarse por su cuenta a problemas difíciles".
El peligro de saltarse "el viaje" del aprendizaje
Frente a esta coyuntura, Francisco de Borja Atsuara Varela, abogado español y experto en derecho digital, argumentó en entrevista con BLU Radio que este tipo de restricciones progresivas son necesarias para preservar la capacidad de aprendizaje de los menores.
Publicidad
Varela explicó que la IA puede ser un excelente asistente para un profesional que ya tiene un criterio consolidado, pero resulta altamente nociva si se introduce de forma prematura.
"El aprendizaje es el viaje, es el aprender a hacer las cosas", señaló. "Si se la das a una inteligencia artificial, te resuelve el problema de matemáticas, te hace la redacción de literatura, pero tú no aprendes nada".
De acuerdo con el especialista, recurrir a la tecnología para evadir el esfuerzo formativo es perjudicial: "la inteligencia artificial puede ser un asistente, pero el que no lo ha hecho nunca, decirle a la inteligencia artificial que se lo haga es la mejor forma de que no aprenda nada".
Ni "niños burbuja" ni "profesores bots"
La restrictiva medida neoyorquina ha reabierto la discusión sobre cómo equilibrar el desarrollo digital y la formación básica sin aislar a los jóvenes del mundo real. Varela advierte que "no hay que hacer niños burbuja, no hay que educar niños que no puedan manejarse en el mundo que les va a tocar vivir". Por ello, propone una aproximación progresiva a la tecnología acompañada de un cambio en las evaluaciones escolares.
Para el académico, el mayor peligro para el futuro laboral de los jóvenes es convertirse en meros repetidores de lo que produce la tecnología. "Tenemos que aportar nosotros algún valor desde el punto de partida de la inteligencia artificial, porque si no aportamos ningún valor somos amortizables", advirtió, señalando que cualquier profesional que solo copie a la IA eventualmente será reemplazado directamente por ella.
Por otra parte, la prohibición en Nueva York también alcanza a los maestros, a quienes se les restringirá el uso de la IA para calificar tareas. Varela apoya esta decisión argumentando que la educación requiere un acompañamiento humano personalizado: "la evaluación continua y además cada alumno es un mundo, requiere una atención personalizada (...), al final no podemos ir hacia una escuela en la que los maestros sean bots de inteligencia artificial".
El riesgo de romper la cadena del conocimiento
Finalmente, el experto alertó sobre un fenómeno que considera preocupante: la retroalimentación de contenidos creados únicamente por algoritmos en internet, lo que diluye el rigor científico e histórico.
Publicidad
Al abundar los textos generados por IA que luego sirven para entrenar a nuevos modelos, se corre el riesgo de propagar fallos de forma masiva. Varela sentenció que con esta dinámica "nos estamos retroalimentando de un conocimiento que puede tener muchos fallos y que ya no se basa, ha roto la cadena de conocimiento humano desde la antigua Grecia".
Escuche aquí la entrevista: