El departamento del Tolima enfrenta uno de los episodios climáticos más desafiantes de los últimos años.
Las altas temperaturas provocadas por el fenómeno de El Niño ya no son una advertencia, son una realidad que se siente en cada aula, en cada patio escolar y en cada jornada académica.
Desde el pasado 27 de mayo, cuando fue declarada la alerta naranja por el Consejo Departamental de Gestión del Riesgo, la Secretaría de Educación del Tolima, liderada por Andrés Felipe Bedoya Cárdenas, puso en marcha una estrategia integral para proteger la salud de la comunidad educativa sin detener el calendario escolar.
La respuesta no fue improvisada. Fue una reorganización profunda del tiempo, del espacio y de las dinámicas escolares.
Bloques térmicos y jornadas flexibles: la nueva normalidad educativa
La primera medida impacta directamente el ritmo académico: las clases dejaron de ser de 60 minutos para convertirse en bloques térmicos de 45 minutos. Esta reducción busca evitar el agotamiento físico provocado por el calor y mejorar la concentración de los estudiantes.
A partir de ahora, el día escolar se divide en tres momentos clave:
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•Mañana (6:00 – 11:00 de la mañana): el núcleo del aprendizaje. En estas horas más frescas se concentran las materias que requieren mayor exigencia cognitiva.
•Pausa térmica (11:00 de la mañana – 1:30 de la tarde) un espacio obligatorio para detener la actividad académica en instituciones sin condiciones adecuadas de ventilación. Es el momento de resguardarse, alimentarse e hidratarse.
•Tarde (1:30 -6:30 de la tarde ):se retoman las clase , aunque con un llamado especial a las instituciones rurales a evaluar riesgos por desplazamientos nocturnos.
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Cero exposiciones al riesgo: actividades al aire libre suspendidas
Entre las 11:00 de la mañana y las 3:00 de la tarde, el sol se convierte en una amenaza directa. Por ello, quedó totalmente prohibida cualquier actividad al aire libre en ese horario. Deportes, recreos y eventos deberán trasladarse a espacios cubiertos o ser reprogramados.
Campana de agua: hidratación obligatoria para sobrevivir al calor
En medio de este panorama, surge una de las estrategias más innovadoras: la “Campana de Agua”. Cada 60 minutos, una señal sonora interrumpe la rutina escolar para recordar algo esencial: beber agua.
Este protocolo no es opcional. Es una medida de salud pública dentro de las instituciones educativas. Los docentes supervisan el cumplimiento de metas diarias de hidratación según la edad:
• Preescolar: entre 600 y 800 ml
• Primaria: entre 1.000 y 1.200 ml
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• Secundaria y media: entre 1.500 y 1.800 ml
En este punto, la responsabilidad también recae sobre las familias. Los padres deberán enviar a sus hijos con termos o botellas para garantizar el acceso permanente a agua potable durante la jornada.
Municipios en máxima alerta
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El impacto no es uniforme. Once municipios del valle cálido del río Magdalena enfrentan condiciones más severas: Natagaima, Coyaima, Ataco, Ambalema, Prado, Honda, Venadillo, Valle de San Juan, Purificación, Melgary El Espinal.
En estas zonas, la aplicación de todas las medidas es obligatoria y prioritaria, sin excepciones.
Educación sin retrocesos
A pesar de los cambios, la Secretaría de Educación insiste en que no habrá retrocesos académicos. Cada institución deberá presentar un plan de compensación pedagógica que garantice el cumplimiento de los estándares educativos.
Rectores, docentes y padres de familia participan en la adaptación de estas medidas, en un ejercicio conjunto que busca equilibrar calidad educativa y bienestar.
Medidas temporales bajo vigilancia climática
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Nada está escrito en piedra. Estas decisiones serán evaluadas cada 15 días, en función de los reportes climáticos. Si el calor aumenta, las restricciones podrían endurecerse. Si disminuye, podrían flexibilizarse.
En palabras del secretario de Educación, Andrés Felipe Bedoya Cárdenas, se trata de una respuesta responsable y creativa ante una realidad inevitable:
“El departamento del Tolima ha comenzado a prepararse para enfrentar uno de los mayores retos climáticos del año. Estas acciones buscan garantizar ambientes seguros donde estudiantes y docentes puedan continuar aprendiendo sin poner en riesgo sus vidas”.
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En medio del calor sofocante, el Tolima redefine su manera de educar. Porque hoy, más que nunca, adaptarse no es una opción: es una necesidad.