El presidente Abelardo De La Espriella despachó brevemente desde el Palacio de San Carlos, pero posteriormente decidió regresar a la Casa de Nariño, sede tradicional de la Presidencia de Colombia. La decisión fue analizada en Mañanas Blu, de Blu Radio, por Enrique Uribe Botero, cronista y arquitecto de la Universidad Nacional.
Uribe Botero explicó que trasladar el despacho presidencial al Palacio de San Carlos implicaba importantes dificultades de espacio y funcionamiento. El inmueble tiene cerca de 3.400 metros cuadrados, mientras que la Casa de Nariño cuenta con más de 10.000 metros cuadrados, una diferencia que, según el experto, hacía inviable mantener allí las mismas actividades.
“El Palacio de San Carlos tiene 3.400 metros cuadrados, la Casa de Nariño 10 mil y algo, es decir, es casi tres veces más grande. No habría suficiente espacio para las mismas actividades”, explicó el arquitecto al referirse a las condiciones que encontró el mandatario durante su breve permanencia en esa sede.
El experto también señaló que un eventual traslado definitivo de la Presidencia habría representado una operación de grandes dimensiones y con un alto costo. “La operación podría llegar a costar 200 mil millones de pesos, pero ese es de los menores inconvenientes, hay muchísimos más”, aseguró Uribe Botero.
Para el cronista, las dificultades no se limitaban al espacio físico o al dinero. También había elementos históricos y simbólicos que debían tenerse en cuenta, especialmente por el significado que tiene la Casa de Nariño como sede de la Presidencia de la República.
“Antonio Nariño era civilista absoluto, le debemos a él el país que tenemos por los derechos”, manifestó Uribe Botero. En ese sentido, destacó la importancia del nombre de la sede presidencial y la diferencia simbólica entre hablar de una casa y de un palacio.
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“La casa es símbolo de hogar, recogimiento y unión, no solamente poder y jerarquía, eso para mí es muy importante”, explicó el arquitecto durante la entrevista en Mañanas Blu. Para él, esa carga simbólica también hace parte de la función institucional de la sede presidencial.
Uribe Botero, además, valoró que De La Espriella haya reconocido las dificultades del traslado y regresara a la Casa de Nariño. Aunque consideró que la decisión inicial fue equivocada, destacó que el mandatario haya corregido el rumbo después de experimentar directamente los problemas de funcionamiento.
“Aprecio y reconozco el haber reconocido la equivocación, de todos modos, creo que tarde o temprano llegaría. El funcionamiento era completamente imposible”, afirmó el cronista y arquitecto de la Universidad Nacional.
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Otro de los factores señalados por Uribe Botero tiene que ver con la Cancillería, que actualmente funciona en el Palacio de San Carlos. En su análisis, utilizar este inmueble como sede presidencial habría generado afectaciones no solo para el Gobierno, sino también para las actividades diplomáticas que se desarrollan desde ese lugar.
“La Cancillería es la representación del mundo ante un Estado. Entonces perdían todos, desde el presidente hasta el barrio La Candelaria”, sostuvo el experto. Su advertencia apunta a las consecuencias que habría tenido sacar de allí las funciones de la Cancillería para instalar de manera permanente el despacho presidencial.