La inspección de la Fuerza Aeroespacial Colombiana presentó los hallazgos preliminares sobre el accidente del avión C-130 Hércules ocurrido en Puerto Leguízamo, Putumayo, que dejó 69 miembros de la fuerza pública muertos. Según ese informe, la aeronave no registraba fallas técnicas, problemas de mantenimiento ni restricciones operacionales antes del despegue.
El inspector coronel Luis Fernando Giraldo Escobar, director de Seguridad Operacional de la Inspección de la FAC, explicó que la investigación se encuentra en fase inicial y aún no busca determinar responsables o causas definitivas. Sin embargo, sí permitió establecer elementos técnicos relevantes sobre los últimos segundos del vuelo.
Uno de los hallazgos más contundentes es que el avión despegó dentro de los márgenes operacionales permitidos. Según el informe, el peso estimado de la aeronave al momento del despegue era de aproximadamente 133.000 libras, cifra inferior al límite máximo permitido para las condiciones del aeródromo de Puerto Leguízamo.
Los cálculos fueron reconstruidos mediante entrevistas, análisis del grabador de voz de cabina y registros técnicos, debido a que parte de los formatos físicos de peso quedaron destruidos tras el accidente. La investigación preliminar también determinó que la tripulación utilizó una configuración estándar de despegue, con potencia máxima limitada por temperatura de turbina y parámetros normales para la operación.
Según los datos del grabador de vuelo, aproximadamente cuatro segundos después de despegar, la aeronave impactó varios árboles ubicados en la trayectoria de salida de la pista 30 del aeropuerto, lo que podría llevar a concluir a un error humano en el cálculo relacionado a peso y velocidad de la aeronave, así como le confirmaron fuentes a Blu Radio que hicieron parte del grupo de investigación de accidentes.
“El motor número tres impacta el árbol número uno; posteriormente, el motor número uno y el motor número dos impactan el árbol número dos y el árbol número tres”, explicó Giraldo durante la presentación del informe. Los investigadores encontraron evidencia física que indica que fragmentos de material vegetal fueron ingeridos por los motores uno y dos, situación que alteró de manera crítica el desempeño de la aeronave.
Posteriormente, los registros del grabador de datos revelaron una pérdida progresiva de potencia. “La pérdida de potencia de los motores número uno y número dos fue consecuencia del golpe contra los árboles, no porque tuvieran previamente algún tipo de falla”, enfatizó el coronel Giraldo.
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La FAC fue enfática en aclarar que la aeronave mantenía certificación completa de aeronavegabilidad y estaba habilitada para operar sin restricciones. “La aeronave tenía una aeronavegabilidad al cien por ciento, es decir, no tenía ninguna anotación de mantenimiento que impusiera restricciones a la operación”, afirmó.
El coronel Giraldo reiteró y fue enfático en que los hallazgos preliminares no muestran anomalías técnicas antes del impacto. “La aeronave se encontraba perfectamente aeronavegable y sin ninguna restricción de vuelo”, insistió.
Tras el contacto con los árboles, el avión comenzó a perder capacidad aerodinámica, especialmente en el ala izquierda, generando un viraje de hasta 29 grados hacia ese lado y pérdida de altitud. El informe detalla que el piloto intentó recuperar el control reduciendo potencia en motores específicos, aunque aún no existe evidencia concluyente sobre la ejecución completa de procedimientos de emergencia.
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La aeronave permaneció en vuelo aproximadamente 36 segundos desde el despegue hasta impactar el terreno a unos 2.080 metros del final de la pista. Otro aspecto que llamó la atención de la investigación es que no existían antecedentes formales sobre reportes de riesgo relacionados con los árboles cercanos a la pista.
Como medida preventiva, la Fuerza Aeroespacial Colombiana recomendó restringir temporalmente operaciones por la cabecera utilizada durante el accidente y solicitó retirar obstáculos vegetales en ambas aproximaciones del aeropuerto de Puerto Leguízamo.