El expresidente y Premio Nobel de Paz Juan Manuel Santos insiste en que en los dos últimos gobiernos no ha habido voluntad política para implementar el acuerdo de paz. También sostiene que la violencia de hoy no tiene nada que ver con lo que se firmó en 2016, como dicen sus rivales políticos.
Santos reconoció que el conflicto armado terminó oficialmente, pero que desde entonces disidencias, bandas criminales y otros grupos armados han crecido en los territorios. Se financian con el narcotráfico, la minería ilegal y otras economías ilícitas.
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Según el exmandatario, estos grupos ya no tienen motivaciones políticas. Buscan control territorial y dinero mediante lo que llamó “gobernanza criminal”. Son mafias bien conectadas, un problema que afecta a toda América Latina y que también crece en África.
Y les respondió directamente a sus críticos. Dijo que algunos de sus rivales, por razones políticas y en “una cínica distorsión de la verdad”, culpan de esta violencia al Acuerdo de Paz. “Es todo lo contrario”, afirmó.
Para Santos, el acuerdo sigue siendo indispensable porque tiene las respuestas a los problemas del país: llevar el Estado a las regiones abandonadas, reducir la desigualdad en el campo, proteger a las comunidades y reemplazar la gobernanza criminal por una autoridad estatal legítima.
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Sus palabras llegan en medio de su choque con Mauricio Gaona, embajador del gobierno de Abelardo De La Espriella ante la ONU. En la sesión del Consejo de Seguridad del 30 de octubre, Gaona dijo que el pacto entre el gobierno Santos y la extinta guerrilla “no produjo una paz final, estable ni duradera”.
Esta semana, Santos le respondió que “hizo el ridículo”. “Está confundido, está mal informado y está cometiendo errores por su falta de experiencia diplomática”, dijo.