
Me escribe un joven y me comenta que se siente solo. Es un joven de 22 años que dice no ser importante para nadie y que no encaja en ningún grupo. Hablo con él, le doy algunas claves espirituales y lo animo a buscar ayuda psicológica en su ciudad. Me parece paradójico porque es alguien activo en redes sociales. Sin embargo, comienzo a investigar y me encuentro con que un estudio reciente de Gallup y Meta, titulado "El estado global de las conexiones sociales", reveló que una cantidad preocupante de jóvenes en todo el mundo experimenta altos niveles de soledad.
Los resultados muestran que el 25% de los encuestados entre 15 y 18 años se sienten "muy solos" o "bastante solos", y los jóvenes de 19 a 29 años experimentan niveles aún más altos de soledad, con un 27% reportando sentimientos significativos de aislamiento.
Me impresiona porque, en Colombia, por ejemplo, un estudio de Tigo y la Universidad EAFIT muestra que el 90% de los jóvenes colombianos entre 12 y 17 años son usuarios de redes sociales. Definitivamente, la conexión no es encuentro; estar en red con otras personas no garantiza que se sientan acompañados, valorados y reconocidos. Tenemos claro que la soledad se ha relacionado con una serie de problemas de salud mental y física, incluyendo depresión, ansiedad, enfermedades cardíacas y demencia.
Creo que es un avance tener claro el problema, pero se necesita la acción de cercanía, encuentro, atención y amor de los padres de familia. Es crucial generar encuentros sociales en los que el contacto físico permita compartir sentido y oportunidades. Al participar en actividades que les interesan, los jóvenes pueden conocer personas con ideas afines y construir nuevas amistades. Esto puede incluir unirse a clubes, equipos deportivos, grupos de voluntarios o clases extracurriculares.
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Al terminar de hablar con el joven y después de leer sobre este tema, di gracias por los juegos con los niños del barrio, Juvenper el equipo de baloncesto, y, sobre todo, los foros en torno al viejo televisor Motorola en el que todos veíamos con mi papá y mi mamá los programas y discutíamos cualquier cosa. Eso me ayudó a no sentirme solo en mi juventud.