
Al llegar a Colombia Roberto descubre que sus papás llevan dos años separados: "...en un momento tuvimos que reconocer que habíamos dedicado nuestras vidas a su carrera y nos habíamos olvidado que éramos pareja. Más que esposos, éramos socios. De eso nos dimos cuenta cuando usted viajó a Europa y nos quedamos solos. Ya no había amor. Lo habíamos matado", le contó su mamá.
Roberto no solo usó su corta estancia en el país para enterarse de lo que había pasado con sus padres. También aprovechó para ir al programa de radio donde sentía que debía darle una explicación a la hinchada nacional:
"Desafortunadamente, los jugadores de fútbol somos los últimos esclavos de la historia de la humanidad. No somos dueños de nuestro destino y tenemos que ir a trabajar donde los amos decidan. Nos compran y nos venden como si fuéramos mercancías, sin tener en cuenta nuestra opinión. Soy un luchador que no va a bajar la guardia hasta que no se haga justicia".
En vista de las circunstancias, Roberto decidió viajar a la China con su mamá y así tratar de recuperar la vida familiar que en algún momento se les había extraviado. Roberto fue recibido por la hinchada de su nuevo equipo en una ceremonia en su estadio y rodeado de fanáticos que fueron a corear a su nueva estrella. Por fortuna, en el equipo chino estaba jugando un viejo compañero de los inicios de Roberto.
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La verdad, la liga china no exigía mucho y Roberto tenía bastante tiempo libre. Pero como le había ocurrido en otras ocasiones, los atractivos de la ciudad se agotaron en las primeras semanas, después de las cuales el soporte de una cotidianidad pesada y ajena y de una liga sin mayores emociones empezaron a pesarle como plomo y esto terminó por bajar significativamente su rendimiento.
Esta era la primera vez en su carrera que era sustituido por decisión técnica y la primera vez que regresaba a los camerinos bajo las rechiflas de los aficionados. Además, por decisión del técnico tampoco fue convocado a la Selección Colombia para disputar un nuevo torneo.