Cuando una persona está deshidratada, una de las primeras recomendaciones suele ser tomar agua. Aunque mantener una adecuada ingesta de líquidos es fundamental para el funcionamiento del organismo, existen situaciones en las que el cuerpo pierde algo más que agua y, por ello, la recuperación puede requerir la reposición de sales minerales.
La deshidratación ocurre cuando el organismo pierde más líquidos de los que incorpora. Puede presentarse por diferentes circunstancias y, dependiendo de la cantidad de líquido perdida, llegar a afectar funciones normales del cuerpo.
De hecho, no todas las situaciones de pérdida de líquidos son iguales. Una jornada con mayor sudoración, por ejemplo, no necesariamente implica las mismas necesidades que un episodio de vómitos o diarrea, en el que pueden perderse tanto agua como electrolitos.
¿Por qué el agua puede no ser suficiente?
El organismo necesita conservar un equilibrio entre agua y sales minerales para desarrollar funciones como la regulación de la temperatura corporal y el funcionamiento adecuado de los sistemas nervioso y muscular.
La doctora Claudia Sánchez, directora médica de Abbott, explica que “la hidratación es mucho más que simplemente beber líquidos”, debido a que el organismo necesita mantener un equilibrio entre agua y minerales.
Según la especialista, determinadas circunstancias pueden provocar que, junto con los líquidos, también se agoten minerales esenciales. En esos casos, la estrategia para recuperar la hidratación debe contemplar ambos componentes.
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Esta diferencia es especialmente importante cuando existe una pérdida considerable de líquidos. En términos generales, hidratarse hace referencia a mantener el equilibrio de líquidos del organismo, mientras que rehidratarse implica recuperar lo que se ha perdido después de una deshidratación.
Diarrea, vómitos y fiebre: situaciones que requieren atención
La pérdida de líquidos ocurre de manera natural durante el día a través de la orina, la respiración y la sudoración. Sin embargo, algunas enfermedades pueden incrementar considerablemente ese proceso.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que durante la diarrea se pierden agua y sales minerales, situación que puede conducir a la deshidratación. Por esta razón, recomienda el uso de soluciones de rehidratación oral para recuperar los líquidos y electrolitos perdidos.
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Los episodios de vómito también pueden dificultar la incorporación de líquidos, mientras que la fiebre puede incrementar las pérdidas. En estos escenarios, simplemente intentar compensar todo con agua puede no abordar la totalidad de lo que el organismo ha perdido.
Los niños, además, requieren especial vigilancia durante episodios de diarrea, debido al riesgo de deshidratación. La OMS recomienda comenzar la rehidratación oportunamente y mantener la alimentación.
Estas son algunas señales de deshidratación
La sed intensa puede ser una de las señales más conocidas, pero no es la única. También pueden presentarse:
- Mareos o debilidad.
- Fatiga y dolor de cabeza.
- Cambios en la cantidad o concentración de la orina.
- Menor energía o dificultad para mantener la concentración.
La deshidratación también puede relacionarse con cambios en el estado de ánimo, mayor cansancio y una disminución del estado de alerta, de acuerdo con información de Cleveland Clinic.
Cuando la pérdida de líquidos es más significativa, pueden aparecer señales como ojos hundidos, letargo o dificultad para beber.
Estos síntomas, sin embargo, no sustituyen una valoración médica. Si hay vómitos persistentes, diarrea intensa, alteraciones del estado de conciencia, incapacidad para ingerir líquidos o signos importantes de deshidratación, es necesario buscar atención profesional.
En ese sentido, mantener una hidratación adecuada forma parte de los cuidados cotidianos, pero ante una pérdida importante de líquidos es necesario reconocer que el organismo puede requerir algo más que agua para recuperar su equilibrio.