Durante el espacio reflexión dominical, el monseñor Rafael de Brigard analizó la fiesta de la Ascensión del Señor, explicando que el retorno de Jesucristo al Padre celestial no significa un abandono para la humanidad, sino el inicio de una nueva etapa histórica a través de la presencia del Espíritu Santo.
"Una de las grandes riquezas de nuestra fe es hacernos ver con certeza que Dios siempre está, Dios siempre acompaña", afirmó el sacerdote, al precisar que el mandato bíblico exige la formación de testigos activos que lleven el Evangelio más allá de las fronteras institucionales.
El análisis teológico expuso el mandato definitivo de Jesucristo a sus discípulos, recordándoles la promesa de permanecer con ellos todos los días hasta el fin del mundo. Monseñor De Brigard insistió en que esta certeza espiritual es fundamental en la sociedad contemporánea, caracterizada por vacíos emocionales y existenciales.
"En estos tiempos donde hay una gran enfermedad que se llama la soledad no deseada, nuestra fe nos insiste que Jesucristo ha prometido permanecer con nosotros", advirtió el religioso, señalando que la misión de la Iglesia requiere superar la ignorancia sobre los sacramentos y la doctrina.
Frente al panorama de la pérdida de valores y la superficialidad religiosa, el sacerdote enfatizó que los creyentes no deben delegar la formación espiritual exclusivamente en las parroquias o los colegios, sino asumir la responsabilidad directa en sus entornos cotidianos.
"Cada papá, cada mamá debe saber que ese es su hijo. No es de menor importancia la de comunicarles la fe, la de darles testimonio de fe", relató. El mensaje concluyó con una invitación a abandonar la timidez religiosa en el hogar, instando a los padres a enseñar a orar y compartir en comunidad para evitar que la religión se convierta en un "cascarón vacío".