La reflexión de monseñor Rafael de Brigard parte del Evangelio de Mateo para plantear una pregunta esencial para la vida cristiana: ¿estamos pensando según Dios o según los criterios del mundo? A partir del episodio en el que Pedro intenta apartar a Jesús del camino hacia Jerusalén, el sacerdote explica que seguir a Cristo implica mucho más que tener buenas intenciones: exige transformar la manera de pensar, hablar y actuar.
El camino que Jesús propone, explica De Brigard, no consiste en buscar el sufrimiento por sí mismo, sino en estar dispuestos a entregar la vida por aquello que realmente vale la pena. “Ojalá uno se gaste la vida por cosas que valgan la pena”, señala al referirse a la familia, la educación de los hijos y las profesiones dedicadas al servicio. En ese sentido, perder la vida por amor significa dejar atrás el individualismo para pasar del “yo, yo, yo” al “tú” y al “nosotros”.
La enseñanza también invita a no desperdiciar la existencia en aquello que destruye o lastima a los demás: “No dañemos nuestra vida, no dañemos la vida de los demás. Pongamos todo en perspectiva de Dios”. Finalmente, la reflexión llama a cultivar una fe que se traduzca en acciones concretas y en una vida coherente con el Evangelio. Para el sacerdote, conocer a Cristo debe llevar a adquirir sus sentimientos, su manera de amar y su disposición de servir, hasta poder decir como san Pablo: “Vivo, pero no soy yo, es Cristo el que vive en mí”.
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