Volver a correr, montar en bicicleta, hacer entrenamiento funcional o competir en una carrera son metas que ahora son completamente posibles para muchos pacientes amputados en Colombia. El desarrollo de la tecnología en el mercado de prótesis deportivas en el país viene registrando un crecimiento sostenido, concentrando su demanda principalmente en capitales como Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla.
La clave detrás de este avance radica en la alta expectativa funcional de los usuarios, lo que ha impulsado la demanda de componentes dinámicos desarrollados con fibras de carbono de alto rendimiento y sistemas avanzados de absorción de impacto y retorno de energía. Así lo explica Derly Patricia Martínez Barreto, business Development Manager de Ottobock para Latinoamérica, sobre cómo el acceso a estas herramientas no debe considerarse un lujo, ya que la actividad física es parte de la salud integral que fortalece el bienestar emocional, físico y facilita la reintegración social y laboral.
Mientras que una prótesis convencional se orienta a actividades de la rutina diaria como caminar o subir escaleras, una variante deportiva está fabricada específicamente para absorber impactos de alta intensidad, soportar cargas repetitivas y responder a exigencias biomecánicas particulares. Por ejemplo, disciplinas como el running, el ciclismo, el crossfit o el fútbol adaptado exigen versatilidad funcional y resistencia para realizar cambios rápidos de dirección.
En el panorama nacional y de América Latina, el impacto de estas innovaciones ya cuenta con referentes visibles. Daniela Álvarez, Johanis Menco, Lina Ortiz y Juan Pablo Medina han logrado regresar con éxito al ciclismo, a las carreras atléticas y al entrenamiento funcional de alto nivel.
Aunque el país evidencia importantes avances en rehabilitación comparado con naciones como Brasil y México, aún persisten barreras económicas derivadas de los altos costos y las coberturas limitadas.